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miércoles, 4 de julio de 2018

El benefactor

Llamó a mi puerta una gélida mañana. Nos entendimos enseguida sin necesidad de palabras. Ella necesitaba un techo y comida. Yo, después de la desaparición de Nadia, estaba solo. ¿Por qué no volver a intentarlo una vez más?
Al principio, me alegró constatar que aprendía rápido. En pocos días tenía muy claro que en mi casa las cosas caras y las caricias eran directamente proporcionales. Pero ese júbilo pronto se tornó sospecha y me dispuse a vigilarla. La pillé con el diccionario abierto en la página de “socorro”. Recordé las palabras de mi madre: “No te puedes fiar de esas chicas del este, son todas iguales”.



Lleva días llorando, pero dudo de que su arrepentimiento sea sincero. Como vengo haciendo últimamente con cada una de mis protegidas, he llevado una muestra de sus lágrimas al laboratorio. Los resultados suelen ser infalibles. Espero que esta vez, después de tantas decepciones, esos incesantes mohínes de aparente aflicción con los que intenta ablandar mi dadivoso corazón, hagan honor a su nombre, “Verania”. En caso contrario, deberé contar de nuevo con la ayuda de mi abnegada madre. Tras la mirada de unos implorantes ojos claros pueden agazaparse las más oscuras intenciones.

Foto de Annie Leibovitz

Participación en Esta noche te cuento-foto de Annie Leibovitz







viernes, 10 de noviembre de 2017

Desesperanza


Despojados de aquella luminosa esperanza, huérfanos de aquella anhelada algarabía, los días no amanecen.    

En el jardín, el viento mece los columpios herrumbrados por la lluvia y el tiempo. El vacío instalado en sus asientos hace que el silencio chirríe estridente, llorando la ausencia de aquellos niños que nunca llegaron.


Imagen de Internet



martes, 31 de octubre de 2017

Reencuentros en la galería

Hoy, Elisa cumple ochenta años. Como cada día, sus nudosos dedos abren la cajita nacarada en la que guarda con celo unas desvaídas fotografías en blanco y negro. Observándolas, se pregunta una vez más cómo pudo perder su instantánea preferida. En ella, Elisa de niña, todavía conservaba su espléndida melena. Luego, en el gueto,  era un lujo tener el pelo largo, pues escaseaba el jabón y el agua caliente. Los recuerdos de su Budapest natal pueblan su mente y convulsionan su corazón.  Nunca ha vuelto a la ciudad del Danubio, que abandonó bajo las alas del "Ángel de Budapest".


Jacob estudia Bellas Artes. Ha heredado el espíritu creativo de su abuela Elisa. Hoy, junto a su primera acuarela enmarcada, entregará a su abuela un sobre conteniendo dos billetes de avión. Volarán juntos a la tierra de los magiares. Elisa intentará azulear los días grises de su infancia.

En una antigua galería de arte del Barrio Judío, ella se reconoce en un sombrío óleo. Se emociona al encontrarse con aquella niña de largos cabellos cobrizos y mirada despierta.

Un anciano, tocado con la kipá, avanza hacia ellos al tiempo que sus trémulos dedos hurgan en su cartera.



Budapest desde el Danubio - Castillo de Buda al fondo
Foto: Juana Mª Igarreta



lunes, 11 de septiembre de 2017

Cuestión de principios


La casa ha comenzado a llenarse de hormigas, pero no haré nada para eliminarlas. Va contra mis principios. Siempre he sido muy respetuoso con los seres vivos. No importa el tamaño. Ha sido una suerte que mamá muriese hace días, antes de que ellas entraran. No hubiera soportado, como ahora, que ellas recorriesen su cuerpo. 

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martes, 16 de mayo de 2017

Interrogantes resueltos

Desde la azotea observó embelesado la noche estrellada. Mientras se vestía de Superman, pensó, aliviado y exultante, que al fin había entendido para qué el abuelo Celso le había regalado, sin pedírselo, ese mágico disfraz en su último cumpleaños; y por qué después se había marchado al cielo sin despedirse.
 
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Escrito por Juana Igarreta para

viernes, 28 de abril de 2017

Pensando en ella

Por fin había llegado el día. Lejos de los ojos inquisidores de la ciudad, aquella mansión de piedra y ventanas enrejadas, provista hasta de una recoleta capilla, le sedujo desde el primer momento. Sobre todo pensando en ella.
Echó un último vistazo al interior de la casona, aromatizada con aquel jabón perfumado que a ella tanto le gustaba, y esperó a que oscureciera. Aunque el lugar estaba en medio de la nada, toda discreción era poca.
Cuando se acercó al coche, comprobó que la joven novicia con su catecismo entre las manos, todavía era presa de los efectos del narcótico.

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lunes, 17 de abril de 2017

Acuerdo tácito



Aquel viejecito se le cruzó en la calle una mañana. Ella iba atropellando tiempo para llegar puntual a un trabajo mal pagado. Él dilataba los minutos asido a su andador, arrastrando soledad en sus zapatos. 

Ahora, con sus horas sincronizadas, pasean cogidos del brazo. Fue un amor a primera Visa.


 
Imagen de Internet




martes, 21 de marzo de 2017

Larga jornada laboral



Al amanecer, un primer beso despierta sus sentidos.

Al mediodía, mezclan caricias y sabores en perfecto maridaje de pasiones.

En el ocaso, son dos mares de voluptuosas olas desbordándose en sus orillas.


Dos ventanas permanecen iluminadas. Tras la primera, espera la inocencia; tras la segunda, la sospecha. Es noche cerrada.

Imagen de Internet

sábado, 18 de marzo de 2017

Vicisitudes




Cuando él persiste con sus ardientes caricias sobre mi cuerpo, acabo sudando fuego y no puedo sofocarme el calor hasta el anochecer. Los días que eso ocurre, deseo impaciente que ella llegue cuanto antes. Que me recorra palmo a palmo, lamiendo con su refrescante y multiforme lengua cada uno de mis poros. Sólo ella consigue el alivio esperado en mi rígida figura. Mi sino es vivir a la intemperie, entre tórridos abrazos de sol y calmantes besos de agua de lluvia. ¿A qué más puede aspirar una estatua de hierro?

El Coloso de Rodas - Dalí - Imagen de Internet




lunes, 13 de marzo de 2017

Cosas de malvados



El malvado Luthor había puesto kryptonita en la bodega del monasterio.  Ese recoleto lugar era el escogido por el gran magnate, recién elegido presidente de su país, para descansar de la sofocante campaña electoral y maquinar sus maléficos planes de futuro.
Con lo que no contaba el portador del más famoso tupé del mundo, es que el más calvo de sus incondicionales había descubierto sus orígenes.