miércoles, 18 de mayo de 2022

El voluntario

El que apunta es un soldado raso de apenas diecisiete años, a quien le gustaría retroceder en el tiempo. Y que en lugar de tener que disparar al hombre que tiene enfrente, hacerlo una vez más a una lata colocada sobre unas piedras en la era más alejada del pueblo.
Abrumado por la mirada impertérrita de ese militar cuya vida le han puesto en el disparadero, no puede evitar recordar a su padre. Ese que siempre le decía que no intentara comerse el mundo en dos días porque todavía era un chaval. El mismo que entró poco tiempo después en casa estrenando uniforme y, mirándolo como si se hubiera convertido en hombre de la noche a la mañana, le persuadió para que se ofreciera “voluntario” a participar en esta locura.

Sintiéndose incapaz de apretar el gatillo, arroja el arma al suelo y se une al pelotón de los vencidos.

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La sombra de la barbarie

Aquella mañana alguien esperaba en la entrada del Banco Sumitomo. Sentado en los escalones, tal vez consultaba la hora en su reloj Seiko, sin saber que estaba a punto de convertirse en una sombra.

Setenta y seis años después, su perfil se mantiene algo atenuado como un pétreo alegato contra la barbarie.
Kazumi era un niño pequeño cuando Little boy descargó su furia abrasadora sobre Hiroshima. Todavía conserva a flor de piel el estigma de aquel infierno. La fatídica mañana, su padre salió de casa para resolver diversos trámites. Jamás volvería a verlo. Sin embargo su recuerdo permanece imborrable en su memoria. Cada vez que pasa por el lugar donde el fogonazo atómico produjo la instantánea, Kazumi mantiene la mirada fija en la piedra como si quisiera hacer volver al protagonista de aquella escena.



Sombra humana grabada en piedra -  Bomba Hiroshima - Imagen de Internet


jueves, 21 de abril de 2022

Las diferentes caras de la fertilidad

Amalia y Cosme han sido una pareja trabajadora y muy fértil. Mucho más productiva que la tierra de la que son arrendatarios y con la que a duras penas van saliendo adelante. Ahora que las manos se han multiplicado porque los hijos, tan seguidos como dispares, ya ayudan en las tareas del campo, falta la lluvia. El pronóstico dice que no caerá una gota de agua en bastante tiempo. Más vale que don Matías, el dueño de las tierras, es un hombre generoso. Como en su casa no han crecido niños, ha tomado cariño a los de sus renteros; aunque no puede evitar hacer distingos entre unos y otros, cosa que a sus padres les duele. Amalia quiere a sus ocho hijos por igual. Al fin y al cabo todos han salido de su vientre. Vientre al que también ha llegado, por fin, la sequía.


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Escrito por Juana Igarreta - Celebración 10 años de ENTC

Trabajo de campo

En un viaje a Boston visitó el Museum of fine Arts y se detuvo ante un óleo de Millet, un sembrador que en actitud decidida esparce las semillas en una tierra sombría y aparentemente árida. Aquella imagen le impactó vivamente, trasladándolo a su infancia en un pueblo pedregoso, donde la vida era dura y a veces trágica.

Su padre le contó que, hacía tiempo, una niña había desaparecido en circunstancias extrañas. Era la hija pequeña de una familia de vagabundos. Dos pobres jornaleros fueron condenados en un juicio sin garantías. La investigación se hizo a toda prisa, sin pruebas fehacientes ni testigos de cargo. Al parecer, las fuerzas vivas tenían mucho interés en echar tierra encima.
Años después, un moderno arado sacó a la luz unos huesos desperdigados bajo la tierra, en otro tiempo baldía. Pero siguió oculta la verdad.

Óleo El sembrador - Jean François Millet



martes, 5 de abril de 2022

La historia preferida del abuelo Mijaíl

“Cierra los ojos. ¿Quieres sentir frío?, prueba a decir bajito y silabeando Si-be-ria, Si-be-ria…, así hasta cinco veces y notarás cómo un viento gélido te va estremeciendo. Y si pronuncias con fuerza Gu-lag, Gu-lag…, al menos otras cinco veces, oirás cómo se acercan las pisadas del Enano Sangriento. Y al frío se añadirá el miedo”.

Así comienza la historia que más les gusta escuchar de boca del abuelo Mijaíl a Natacha y a sus hermanos. Él estuvo muchos años prisionero en un campo de trabajos forzados, levantando junto a otros compañeros la ciudad de Vorkutá.

Mijaíl volvió. Otros, convertidos en estatuas de hielo, todavía parecen esperar alguna señal QUE ANUNCIE LA LLEGADA DE LA PRIMAVERA. Pero allí el invierno es eterno; igual que en la bola de cristal que el abuelo agita constantemente mientras les habla, provocando en su interior una infinita nevada.


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Escrito por Juana Igarreta - Celebración diez años de ENTC

Relato finalista

Al calor del hielo

La temperatura había descendido por debajo del límite. No tendría que ir a la escuela. Alexei se dirigió, cruzando el río helado, hacia la finca de su padre. De pronto volvió a nevar y todo se convirtió en una abrumadora redundancia del blanco. Ante la imposibilidad de avanzar, Alexei se refugió en un sórdido barracón, bajo el continuo ladrido de los perros. Incapaz de entrar en calor, poco a poco se sintió invadido por un sopor paralizante. El cuerpo se le fue congelando, mientras su mente proyectaba vívidamente las imágenes de un reciente documental sobre el Caribe. Días después, encontraron dentro de una carcasa de hielo, el inequívoco volumen de su ausencia.

Desde entonces, Alexei, un viejecito taciturno y sin pasado, repite en el malecón de La Habana el mismo ritual. Cada atardecer, con sus ojos llorosos fijos en el hielo, apura un Black Russian.

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lunes, 21 de marzo de 2022

Frufrú

Posiblemente aquello no respondió a ninguna pulsión específica. O tal vez sí, quién sabe. El caso es que aquel día de invierno, mientras se hallaba refugiado como otras veces en el enorme armario de la alcoba de la abuela, comenzó a sacar viejas prendas tan estridentes como obsoletas. Nunca le había dado por ponerse ropa de mujer. Ni de broma. Sólo pensar que le podían ver. Pero aquella tarde, atraído por el variopinto colorido de las vestimentas, y quizás bajo el influjo del alcanfor, sintió la imperiosa curiosidad de verse así. Mientras se contoneaba ante el espejo con el vestido azul y ensayaba gestos cautivadores, su padre irrumpió de improviso y le congeló la sonrisa. Rudo y parco en el hablar, tenía una manera de mirar que lo decía todo. Sin embargo aquella vez su mirada estuvo acompañada con palabras especialmente duras.Tanto, que sus posibles veleidades quedaron drásticamente cauterizadas. Hasta años después. Cuando en la despedida de soltero lo disfrazaron de Lolita, se sintió renacer. Afortunadamente su pareja resultó ser un ángel. Y ya se sabe que los ángeles no tienen sexo.


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  Escrito por Javier Igarreta - Celebración 10 años de ENTC

Cambios

Marta, Jorge y Luis son amigos y compañeros de clase. Siempre se los ve juntos. Marta está enamoriscada de Luis, pero de momento no piensa decir nada. Intuye que ella le gusta a Jorge y no quiere que éste sufra si se enterase de su atracción por su amigo común.

Don Antonio, el viejo profesor de historia, se ha jubilado. La que está ahora en su puesto es una joven que se llama Carla y es rubia. Seductora y divertida dando la materia, cautiva pronto al alumnado. Sobre todo a Marta, que se sorprende a sí misma y a los demás con un llamativo sonrojo cada vez que la profe se dirige a ella. Ahora que ya lo saben, Jorge y Luis podrán cogerse de la mano en presencia de su amiga.

Al salir del colegio Carla llama a su casa. Escucha resignada a su padre: ¿Qué tal, Carlos?



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Escrito por Juana Igarreta para la Celebración 10 años de ENTC

lunes, 14 de marzo de 2022

Cosas punzantes

La memoria de Germán está colonizada por los malos recuerdos, como lo hacen esas plantas invasoras que crecen incontroladas en las orillas de los ríos.

Han pasado muchos años, pero siguen vívidas en su interior las continuas zancadillas de Arturito en el recreo, aplaudidas con sonoras carcajadas por muchos de la clase y agravadas por la inacción del profesor al enterarse.
Mirándose en el espejo del vestíbulo se detiene en sus ojos, ahora libres de aquellas gafas de cristales gruesos que al tiempo que le corregían la severa miopía le regalaron el apodo de “Cegato”.
Recuerda el continuo desprecio de las chicas, que comían pipas sentadas en los bancos, cada vez que intentaba explorar, tímidamente, ese terreno movedizo del primer amor.

Su dolor se transforma en ira y golpea furioso el espejo haciéndolo estallar. Uno de los trozos recrea caprichosamente el perfil de Arturito. Vive, de momento, cerca.


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Escrito por Juana Igarrreta - Celebración 10 años ENTC

Rodando, rodando

Últimamente no tenía suerte. Ni en el salon de juegos daba pie con bolo. Ni al billar, ni al ping-pong. Pero la cosa se agravó cuando encontró aquel gatito negro. Hecho una pelotita, el minino maullaba lastimeramente en lo alto de la escalera. Su alma franciscana no pudo resistir aquella tentación del diablo y el felino agradeció con un arañazo el amago de caricia. La inesperada reacción le precipitó escaleras abajo. En aquella clínica de provincias le diagnosticaron fractura de vértebras. La atención era excelente, pero la mejoría escasa y tuvo que ponerse en manos más cualificadas. El día que salía del hospital de la capital, se encontró de sopetón con un prodigio poliesférico que le miraba desde sus ojos negros. Acordándose del gatito, salió del paso ejecutando un arriesgado quiebro. Lo que sintió al nivel de las lumbares fue todo menos placer.




Escrito por Javier Igarreta - Celebración 10 años ENTC