jueves, 14 de octubre de 2021

In die illa tremenda

El día que murió Sandalio no tocaron a muerto, pero los escasos moradores de aquel poblacho perdido en la serranía remacharon entre dientes cada campanada, como queriendo añadir un plus de inexorabilidad al luctuoso acontecimiento. Aquella tarde, Remigia, el ama de llaves, bajó a la cuadra acuciada por un insistente crujido. A la luz de un ventanuco, contempló horrorizada el rítmico balanceo de un cuerpo. El último eslabón reconocido de los Enríquez de Melgos colgaba del techo ante la impasible mirada de los bueyes. Remigia ahogó un grito de espanto, pero fue incapaz de abrigar un ápice de compasión en sus entrañas preñadas de rencor.

La tarde del entierro presagiaba tormenta. Un exiguo cortejo, compuesto por dos criados, tres convidados de piedra y el cura, partió hacia el camposanto. Sobre un carromato tirado por mulas reposaba Sandalio, resguardado del creciente chaparrón en un ataúd de madera noble. Desde un lugar privilegiado, un muchacho que contemplaba la escena con ojos fulgurantes celebró el relámpago solidario que rasgó el cielo. El zigzagueante destello hizo encabritarse a los animales y la carreta quedó en equilibrio inestable. Insuficiente para el féretro que, tras deslizarse lentamente sobre las tablas, se precipitó en el Barranco del Diablo.




Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: El miedo y la angustia.







martes, 14 de septiembre de 2021

Cavernícolas

Cuando después de horas trabajando el sílex vio cómo este se resquebrajaba perdiendo irremisiblemente su ansiado filo cortante, aquel Homo sapiens sufrió una repentina regresión. Haciendo alarde de una fuerza inconmensurable lanzó por los aires su malograda herramienta, mientras enriquecía generosamente tanto en lo sonoro como en lo gestual el lenguaje de los exabruptos hasta entonces conocido. Tal era su estado que, de verlo, hubiera hecho temblar al mismísimo Homo antecessor.

Hoy Matías no ha pegado ojo. Las fuertes discusiones mantenidas con su vecino respecto a la linde de la parcela lo tienen envenenado. Antes de que el sol logre zafarse de las nubes, ya ha roturado casi la totalidad del recién adquirido terreno. Lástima que un golpe seco haya detenido bruscamente su brillante monocultor.
Al agacharse, descubre entre las cuchillas de la máquina un hermoso trozo de pedernal que no duda en arrojar con ímpetu de jubilado saludable a la huerta aledaña. Entretanto, un rosario de elaborados improperios va brotando de su boca, que enmudece súbitamente al sentirse observado desde uno de los surcos por la mirada vacía de una blanca calavera.


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Relato preseleccionado para su publicación en el libro de Esta noche te cuento 2021

Tallas

En cuanto se paró ante el escaparate, se sintió inundada por la luminosidad del fucsia. Ya estaba bien de aparentar tristeza. Después de todo, Genaro no se merecía tanto. Además él siempre fue muy alegre, demasiado quizás. Lorena entró en la tienda y con su voz cantarina se dirigió a una dependienta que, haciéndose de rogar, levantó la vista de la pantalla. Tras calibrar sus medidas con una mirada inquisidora la excluyó de la oferta. “Sólo quedan tallas pequeñas”, dijo taxativamente y con cierta sorna. Le faltó añadir que evidentemente ahí no encajarían los centímetros de más de su generosa constitución. Por encima de su ceja izquierda, Lorena esbozó un ostensible gesto de desagrado, mientras un amago de cabreo se le removía justo donde antaño sentía las mariposas. Al ver que el desencanto desequilibraba la armonía de su semblante, la dependienta intentó un simulacro de empatía y, como si quisiera sorprenderla con un atractivo plan B, dijo: “La tenemos también en negro, tal vez te quedaría mejor”. Lorena miró fijamente a la dependienta desde el fondo de sus ojos azabaches y, transformando la ira contenida en desprecio, construyó un dique ante sus lagrimales.


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Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: El enfado y la ira.rentar 

viernes, 20 de agosto de 2021

Ojo con la envidia

Que Matías tiene una enigmática mirada no lo niega nadie, pero solo él conoce el porqué de la misma: sus ojos no se llevan bien, y constantemente hacen ver sus diferencias. El joven, resignado, últimamente hasta ha descubierto algunas ventajas. Mientras con el ojo izquierdo sigue atento el fútbol en la tele, con el derecho avanza en la lectura del libro que corresponda. Eso sí, debe tener cuidado si no quiere ver a Madame Bovary encajando un gol en la portería del Barça.

Desde que la flamante Susana vive en la casa de enfrente, las cosas han empeorado. El ojo izquierdo, con vista de lince, la percibe con todo lujo de detalle; el derecho apenas alcanza a ver una desdibujada silueta, lo que le provoca una constante irritación.

Cada vez que Matías se cruza con Susana no puede evitar que el ojo izquierdo le dedique un guiño con pretensiones cautivadoras. El derecho, en lugar de deleitarse observando de cerca a la chica, se muestra girado y desorbitado, vigilando a su rival sin pestañear.

Matías, desconsolado, está recorriendo los mejores oculistas, pero ninguno de ellos descubre la mácula de envidia instalada en el fondo de su ojo derecho.

 

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Escrito por Juana Igarreta para ENTC - Propuesta: Los celos y la envidia 

domingo, 15 de agosto de 2021

La celadora

“Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría”, sentenció la celadora clavando su mirada inquisidora en los muchachos. Solícita atendió al enrabietado Bernardito que exageraba su dolor en un rincón. Sin duda, algún interno harto de ser el capacico de las hostias, había descargado su ira en el pobre gordito, según todos el ojito derecho de aquella mujer tan corta de estatura como sobrada de resentimiento. Un suceso de organización interna vino, días después, a cambiar el orden de sus afectos. Desde la llegada al internado de Sor Virginia, la celadora solo tuvo ojos para ella. De aspecto místico y frágil, la monjita desprendía una ambigua espiritualidad. Un domingo, en la misa de doce, Sor Virginia salió al altar para repartir la comunión. Presa de una emoción desbordante, la celadora se revolvía nerviosa en la fila, suspirando por recibir la sagrada forma de tan blancas manos, con tan mala pata que dio con sus ansias en el suelo. Como movido por un resorte, Bernardito salió del banco en ayuda de su benefactora, pero ella lo apartó con un gesto airado. Mientras recomponía su maltrecha figura, la celadora miró con insistencia a Sor Virginia, reclamando un atisbo de su fervor.


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Escrito por Javier Igarreta para Esta noche te cuento - Propuesta: los celos y la envidia



martes, 6 de julio de 2021

Sanferminera


El alcalde de Pamplona  lo dijo así de claro: “Muy a mi pesar, me veo obligado a suspender las fiestas de San Fermín de este año 2021”. Estas palabras que disparó al punto de la mañana el viejo aparato de radio, cuyo volumen endiablado parecían manejarlo unas manos invisibles, impactaron como proyectiles en los oídos de Sátur, nublando irremediablemente su mirada. Acodada en el alféizar de la ventana se asomó al interior de sus recuerdos y, envuelta en un tsunami  de nostalgia, una vertiginosa sucesión de imágenes ocupó su mente: Sátur niña, escapando de Caravinagre presa de un temor emocionante; Sátur joven, bajo el hechizo de los fuegos artificiales degustando besos con sabor a kalimotxo; Sátur madre, de gaupasa en el sofá esperando el milagro de la aparición de los hijos; Sátur abuela, bordando en plata el nombre de su primer nieto en un pañuelico rojo.

Cuando se sobrepuso, algo avergonzada, murmuró por lo bajo: “Con la que está cayendo y yo tan mayor dejándome  llevar por estas sensiblerías… Mejor que no se entere nadie”. Luego cerró la ventana y se dirigió al santo que presidía la biblioteca: “¿Qué tal si sacas tu capotico y nos libras ya de este morlaco?”.




Escrito por Juana Igarreta - Certamen Microrrelatos Blog San Fermin


lunes, 5 de julio de 2021

En blanco

"Ya es oficial, por segundo año consecutivo las fiestas de San Fermín brillarán por su ausencia".

Así empezó su homilía dominical don Anacleto, a la sazón párroco de San Agustín, antes de quedarse en blanco, con los ojos llorosos y la vista clavada en el confesonario del lado del evangelio. Allí desnudaba su alma, Alejandra "la zamba", carbonera de Navarrería, toda una vida faenando entre los montones de leña y el fondo berrendo en negro del carbón de encina.
Cuando don Anacleto volvió en sí, el coro finalizaba un motete, oportunamente intercalado para cubrir su espantada. Esperando que retomara el hilo, la nutrida concurrencia concentró su mirada  en el rostro enrojecido del párroco, que mirándolos de hito en hito buscaba a Rosendo, zagal malencarado y levantisco que siempre le llamaba "padre", con aquel tono tan mordaz. Debido a las "no fiestas", las costilladas serían contadas y el carbón de Alejandra  quedaría a la espera de los rigores del invierno. Y pensó Don Anacleto:  "Qué cosa más cristiana que hacer la vista gorda ante la flaqueza humana". Al fin y al cabo, a cuánto podía ascender lo sustraído de los cepillos? ¡Jodido Rosendo!


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viernes, 2 de julio de 2021

Plenilunio

Lucía no sale de su asombro. Acaba de enterarse en un programa de ciencia de que la Luna es hija de la Tierra. Que hace millones de años un gran asteroide impactó en nuestro planeta y provocó el desprendimiento de un trozo del mismo, dando origen a nuestro enigmático satélite. Cautivada por el descubrimiento, hoy no se tomará la pastilla para dormir. Es noche de luna llena y prefiere soñar despierta.

Son las tres de la mañana. Lucía, embargada de plenilunio, anota en su pequeña libreta las múltiples sensaciones que brotan en ella bajo la gran esfera plateada. De pronto, un golpe seco proveniente del patio de luces del edificio la saca de su embeleso. Se asoma y ve, sobrecogida, que un cuerpo yace inmóvil sobre el cemento. Chilla, pero las ventanas permanecen cerradas. Sobreexcitada y presurosa baja las escaleras, golpeando en cada piso cada puerta. Los vecinos, hasta hace unos momentos reos de Morfeo, la observan perplejos. Unos, incrédulos, se frotan incesantemente los ojos. Otros, mitigan su tambaleo apoyándose en la pared del pasillo. Pero todos permanecen paralizados escuchando el fatal suceso que a voz en grito narra una y otra vez Lucía “la Mudita”.


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Escrito por Juana Igarreta para Esta Noche te Cuento - Propuesta: El asombro y la sorpresa

domingo, 27 de junio de 2021

Miau

Pese a lo reiterativo de su conducta, siempre me sorprende. Apostado en el descansillo de arriba, el gato de la vecina, que sin duda me controla, suelta un bufido. Me recuerda a “Brisa” la gata persa de la abuela Catalina. ¡Qué pareja tan enigmática! Encerradas en sí mismas vagaban por la casa, como buscando el latido de los ausentes. Procurábamos pasar de puntillas frente a su alcoba. A veces, poniendo la oreja en la puerta, oíamos lo que bullía en nuestras cabezas. En más de una ocasión, la gata nos sorprendió de esa guisa. Durante una de sus esporádicas ausencias se produjo el fatal decaimiento de la abuela. Tras su muerte, aumentó la agresividad de “Brisa”, desbordando la soterrada ailurofobia del abuelo, tan poco sentimental como proclive a salirse de madre. La gata desapareció sin dejar rastro.  Meses después, hallándose en el umbral del sueño, el abuelo percibió un maullido lastimero. Su instintiva exclamación de sorpresa se acopló al fantasmagórico lamento en un dúo estremecedor. Subyugado por tan extraña armonía, él que nunca había creído en supercherías, fue incapaz de discernir qué voz había salido de su garganta. Desde entonces, unas veces ronca y otras ronronea.


sábado, 24 de abril de 2021

Cuestión de clase

El primer recuerdo que Marta guarda de su tía monja lo tiene grabado a fuego. Del hábito negro que la escondía apenas asomaban su cara enmarcada en un óvalo blanco y las manos que agitaba mientras hablaba ante Emilia, madre de la niña. Pocas, pero persuasivas, palabras después la religiosa conseguía su objetivo.

Marta dejó atrás la escuela pública del barrio y pasó a ser alumna de aquel colegio de “chicas bien”. Más lejos de su casa, pero más cerca de Dios.
Hoy todavía le duele haber sentido vergüenza aquel jueves de mayo. Claveles sobre los pupitres y gargantas afinadas para entonar en la capilla “Con flores a María”. Un ceremonial que se repite todas las primaveras como la vuelta de las golondrinas. Pero antes esperan conocer a la Madre Superiora General. Esta llega y, tras el ensayado saludo pertinente, la monja tutora de la clase cruza unas palabras con ella y, sumamente entusiasmada, ordena: “Niñas, las que seáis hijas de médicos, abogados, ingenieros, empresarios… poneos de pie, por favor”. Marta, confusa, visualiza a su padre con el mono de la empresa de limpieza al tiempo que su compañera de pupitre le pregunta: “Marta, ¿tu padre qué es?".

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