viernes, 4 de enero de 2019

De día y en descapotable

En la familia Darling la pátina del tiempo va decolorando los recuerdos. Atrás quedaron aquellos días de sobresalto ante las reiteradas ausencias de Wendy y sus hermanos que, engullidos por el inexorable pozo de la noche, tantas veces cruzaron esa frontera apenas perceptible entre lo onírico y lo real.
Al día le quedan pocas horas. Un llamativo descapotable azul está aparcado frente a la antigua casona. Diríase que se trata de un gran juguete de cuerda; como esos que lucen en los museos y cuya contemplación nos envuelve de una agridulce nostalgia. Un grupo de curiosos se arremolina junto al vehículo preguntándose sobre la identidad de su propietario, pero nadie ha tenido la oportunidad de verlo.
En la mansión, Wendy, tras recoger su cabello cano en un moño improvisado, abre la puerta a un hombre maduro de rostro aniñado:

—¿Qué desea?
—Volver a verte.

Tras estas palabras, un tintineo desacompasado y disonante llena la estancia.



Un acabado perfecto




Laura recuerda el día que Olga le confesó, con su carita de niña buena, que estaba dispuesta a casarse con Mario. Como si nada. Como si de pronto se hubiera olvidado de todo.

No entiende porqué para un día tan especial, en lugar de acudir a un salón de prestigio, Olga ha elegido su humilde peluquería de barrio. Eso sí, es algo que debe permanecer en secreto entre ambas. No lo sabe ni Mario. Como en los viejos tiempos. Pero algunos secretos pueden tener insospechadas consecuencias.
La ha citado muy pronto. Conseguir un acabado perfecto, conlleva un trabajo muy minucioso.

Apenas quedan diez minutos para las doce. Laura, luciendo un sugestivo traje rojo, llega al atrio de la iglesia. Con paso decidido se cuela en el enjambre de invitados, sumándose al protocolo de saludos y cumplidos.

Cuando la exultante cara de Mario se tense presa de impaciencia y desconcierto, Laura se acercará a él y, con un estudiado ritual de gestos cálidos y palabras calmantes, tratará de apaciguarlo. Como si nada. Como si de pronto se hubiera olvidado de todo.

Foto de Internet

viernes, 28 de diciembre de 2018

Compañías insospechadas

—Desde que llegaste a esta casa me tienen arrinconada.

—Qué quieres, la gente tiene ahora nuevas aspiraciones.

—Ya, pero reconoce… ¡Si estás aquí, es por enchufe!

—Chica, ponte las pilas y verás cómo todo cambia.


Cuando abrí las puertas del armario escobero, las voces callaron. No me atrevo a cerrarlo.

Imagen de Internet

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Los chicos del carrito


“Loren, date prisa. Tenemos muchos contenedores para revisar antes de que pase el camión”,  dice Matías tirando del carrito con una mano y blandiendo el gancho con la otra.
Loren, calándose la raída visera, echa una mirada furtiva a una habitación iluminada. Entre sus paredes quedaron muchos sueños por cumplir.


Imagen de Internet
Escrito por Juana Igarreta para 


viernes, 14 de diciembre de 2018

Un taco a punto del desacato



Tras sacarme de la bolsita, me introdujeron en un ajustado agujero. Completamente hundido, sentí cómo una punta de acero perforaba, con insistentes vueltas de rosca, mi virginal alma de plástico. ¡Hasta cuándo tendría que soportar aquella escarpia alojada en mis entrañas! Entonces escuché al señor Fischer: "Mis tacos aguantan siempre".

Imagen de Internet

lunes, 19 de noviembre de 2018

Disciplina espartana



Una vez más, Miguel secaba al sol su colchón mojado. Algunos tutores se reían cínicamente. Sería la última vez.

Cuando Miguel desapareció, lamentaron su excesiva melancolía y aquella maldita costumbre de aventurarse entre los acantilados. Todas las sospechas apuntaban hacia el mar, pero Miguel había puesto tierra de por medio.

Imagen de Internet

Escrito por Javier Igarreta para 

Fáustico



Desesperado, amargado, abandonado y abrumado por adjetivos de tal funesta ralea, quiso vender su alma al diablo, pero no encontró ningún comprador de tan rancio abolengo. Un vendedor de humo le prometió resurgir de las cenizas, pero, en la hoguera de las vanidades, las promesas siempre devienen en fuegos fatuos.








Neneptuno



Sus hazañas no conocen límite. Cuando surca raudo las aguas sobre sus caballos blancos, las olas, reverenciales, encogen sus crestas.

De pronto, una mano decidida arranca el tapón de la bañera, y el pequeño apenas consigue conservar del rey de los mares un poco de furia apretada entre los dientes.

Imagen de Internet

lunes, 8 de octubre de 2018

Secretos acuosos

Sandra entregó a un laboratorio puntero las lágrimas de sus últimos llantos. Se las devolvieron etiquetadas: "Decepción", "dolor", "soledad", "rabia".

Cuando Marcos murió inesperadamente, esperó a que todos se fueran y lloró ante su tumba. Esta vez evitó guardar muestras para analizar. Si trascendían los resultados, podrían ponerla bajo sospecha.





Relato ganador del mes de septiembre en

miércoles, 3 de octubre de 2018

Deus ex machina



Aunque era fin de semana, "Él", creativo por excelencia, estaba como siempre en vena. Tras una intensa jornada, recompuso su figura, esbozó su mejor sonrisa y disparó. No fue como en el "Big Bang", pero salió un selfie divino. "Él", con barba blanca, su único hijo y una paloma ensimismada.


Imagen de Internet