![]() |
| Imagen de Internet |
Un día, el concertino llegó tarde al concierto. Consciente de que había “dado la nota” con su inoportuno retraso, procedió como de costumbre y avisó al oboe para que diese el “la” de rigor. Sonó tan desafinado, que el director, fuera de sí hizo ademán de arrojar la batuta. A continuación comenzó a marcar una serie de movimientos anárquicos y sin sentido. En un alarde de atrevida versatilidad la orquesta se dejó llevar, y a partir del aparente disparate consiguió empastar una incalificable armonía. La interpretación resultó tan desconcertante que la platea quedó muda. Pero bastó la insinuación de un tímido aplauso para que el respetable perdiera la compostura y abandonando sus asientos estallara en una desenfrenada algarabía de aplausos y pataleos sin orden ni concierto.
![]() |
| Imagen de Internet |
Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: el desorden.



















