Mostrando entradas con la etiqueta microrrelato Javier Igarreta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta microrrelato Javier Igarreta. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de septiembre de 2026

Miout!

Corrían tiempos de incertidumbre y no quiso dejar nada al azar. Schrödinger preparó concienzudamente todos los elementos. La caja metálica, el dispositivo radiactivo, el matraz con veneno, el martillo y, por supuesto, el gato. Una contribución desinteresada de Einstein.

Llegado el momento del experimento, el felino se mostró reacio peleando con uñas y dientes. Apenas vio el extraño artefacto, un súbita piloerección en el lomo le puso en alerta, allí había gato encerrado. Poco dispuesto a contribuir a una posible redundancia cuántica emitió un maullido desgarrador y echó a correr. La estridencia ultrasónica de su maúllo provocó la ruptura del frasco y la dispersión del tóxico.

Pendiente de la evasiva actitud del michino, Schrödinger sucumbió a los mefíticos efluvios del veneno y pasó a la posteridad. Muerto, pero paradójicamente vivo.


Imagen de Internet


sábado, 1 de agosto de 2026

Chocandre

Cuando ingresé en el internado “Chocandre” ya estaba allí. No recuerdo su nombre de pila, probablemente lo he olvidado. O quizás nunca lo supe. Creo que era algo mayor que yo, sin embargo se movía a su antojo por aquel triste y desangelado lugar. Nadie osaba pedirle explicaciones. Ni siquiera los celadores que con estricta precisión hacían la vista gorda en cuanto barruntaban su presencia. “Chocandre” era muy dado a apostarse en lugares al parecer “estratégicos” según su entender y el de los gatos que se congregaban allí. En actitud ritual y con las manos entrelazadas de espaldas a la pared, “Chocandre” iniciaba entonces un rítmico balanceo,  mientras recitaba un monótono e ininteligible mantra.

“Chocandre” casi nunca miraba a los ojos, tenía la vista enfocada al infinito. Pero un día se fijó en mí y seducido por su mirada cuasiestrábica vi por un momento más allá de mis narices. Remontando aquel sombrío presente atisbé como en un flash este luminoso aquí y ahora. Una moderna zona hospitalaria donde todavía permanecen como viejos testigos algunos de aquellos árboles de gran porte. A veces, cuando sopla el viento escucho a su vera la salmodia de “Chocandre”.  


Imagen de Internet

Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: la pertenencia.

jueves, 28 de mayo de 2026

Ancha es Castilla

Se acercaba el ocaso y, cansado su espíritu, Teresa ya comenzaba a flaquear. Tras unas extenuantes jornadas finalmente tenía ante sus ojos la villa de Consuegra. Apenas divisó su silueta recostada en el cerro, tuvo el pálpito de que aquel sería un lugar propicio para la nueva fundación. Algo le dijo que no era una de aquellas corazonadas que otrora le sobrevenían al amparo de su incansable divagar entre lo divino y humano. Gracias a Dios y a la férrea disciplina carmelitana casi había conseguido domeñar a “la loca de la casa”.

Absorta en tan cruciales consideraciones, de pronto se sintió atraída por el quejumbroso traqueteo de un molino cercano cuyas aspas giraban a merced del viento. Dejando a rebufo del mismo cualquier atisbo de quijotescos desvaríos, tuvo ocasión de columbrar la gigantesca obra que se perfilaba en su mente. Mas, ahora era preciso tener los pies en el suelo. La comitiva del Santo Oficio, con su farfolla y sus antorchas estaba a pocas leguas. Conocedores de sus andanzas seguían de cerca sus pasos. Aquella manera tan suya de entender los dogmas, amén de sus antecedentes familiares, la delataban. A fe que no era santa de su devoción.






jueves, 16 de abril de 2026

Anagrama

Aurelio no salió excesivamente mal parado de sus travesuras infantiles. Apenas le quedaba el recuerdo de algunos chichones y restos de alguna que otra cicatriz. Eso sí, arrastraba una cojera, producto de una de tantas caídas sufridas durante sus correrías por los accidentados andurriales de aquel poblado perdido de la mano de Dios. La escasa atención médica y una absoluta confianza en los remedios caseros hicieron que algo en principio de relativa importancia fuera a más, hasta el punto de acarrearle cierta incapacidad. Lejos de suponerle un hándicap, Aurelio echó mano de su talante animoso y ocurrente, y sacando coraje de su cojera la convirtió en su seña de identidad. Era todo un espectáculo verlo caminar con aquel ademán, un tanto forzado pero sin embargo no exento de gracia. Tal vez solamente era una manera de disimular algo que seguro que le hacía sufrir.  Pese a todo había algo que no olvidaba hacer cada día. Sabedor de la hora en que la tía Ramona salía de su partida de cartas, se acercaba cada tarde presto a empujarle la silla de ruedas por la pequeña rampa que conducía a casa. Después se retiraba ya cansado a la suya.


Imagen de Internet

Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: Coraje 


lunes, 23 de febrero de 2026

Sin orden, pero concierto

Desde que cambiaron el sistema informático la Sociedad Filarmónica era un auténtico caos. Pese a los desvelos del ordenanza el desorden estaba a la orden del día. Ni siquiera el director de orquesta conseguía coordinar al grupo. A menudo perdía los papeles. Sobre todo ante las faltas de puntualidad. Al fin y al cabo su trabajo se basaba en una estricta medida del tiempo. No podía soportarlo, le chirriaban los desajustes.

Un día, el concertino llegó tarde al concierto. Consciente de que había “dado la nota” con su inoportuno retraso, procedió como de costumbre y avisó al oboe para que diese el “la” de rigor. Sonó tan desafinado, que el director, fuera de sí hizo ademán de arrojar la batuta. A continuación comenzó a marcar una serie de movimientos anárquicos y sin sentido. En un alarde de atrevida versatilidad la orquesta se dejó llevar, y a partir del aparente disparate consiguió empastar una incalificable armonía. La interpretación resultó tan desconcertante que la platea quedó muda. Pero bastó la insinuación de un tímido aplauso para que el respetable perdiera la compostura y abandonando sus asientos estallara en una desenfrenada algarabía de aplausos y pataleos sin orden ni concierto.


Imagen de Internet

Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: el desorden.


viernes, 23 de enero de 2026

Credo ut intelligam

Recién ingresada en la abadía, la hermana Rigoberta trataba de olvidar el fragor de la fundición. Heredera de una saga de la industria del acero, era una gran experta en todo lo relativo al convertidor Bessemer. Sin embargo un proceso de espiritualidad fraguado a fuego lento le había empujado a dar un paso trascendental. Si bien no le costó demasiado adaptarse al rigor conventual, a la hora de enfrentarse a los misterios de la fe no podía evitar sacar a relucir su tendencia analítica. La madre abadesa le repetía constantemente que no se trataba de entender sino de creer, pero cuando veía al padre Rosendo oficiar con aquellos ademanes tan bruscos el ritual del misterio de la transustanciación, le asaltaba un conato de incredulidad. Todo cambió el día que, con motivo de unos ejercicios espirituales, ofició la misa un joven frailecillo de aspecto angelical, que recogido ante el altar manipulaba lo sagrado con suma unción. Embelesada y confundida en el momento de la consagración, la hermana Rigoberta vio cómo aquellas manos tan blancas se elevaban fundidas con la sagrada ofrenda. Incluso ella misma se sintió elevada tras la estela de aquel cuerpo glorioso.

Imagen de Internet


viernes, 12 de diciembre de 2025

Trayectoria

Nadie hubiera esperado semejante despliegue de color de un tipo tan gris. Alcanzó pronto cierta notoriedad en la cosa pública, pero en realidad estaba bastante verde. Aunque indudablemente apuntaba maneras. Un coach afín a la causa lo introdujo en el mundo de la farándula. Consideró que le vendría bien para coger tablas. En realidad sólo sirvió para llamar la atención de la prensa rosa.
Sería largo de contar su posterior viraje hacia el rojo vintage. Sin duda fue un proceso alquímico de adaptación a las condiciones objetivas de la realidad. Curiosamente, el cauce por el que circula el dinero. Un mundo opaco cuyos oscuros entresijos le brindarían noches en blanco. Además de algún enemigo de confianza.
Un día desapareció sin dejar rastro. Sin embargo, los infatigables sabuesos de la prensa amarilla consiguieron detectar su presencia frente al azul del Caribe. Días después dos sicarios lo tendrían en el punto de mira. Fue al atardecer. Mientras paseaba pensativo por la orilla, su silueta negra ofrecía un blanco perfecto.

Imagen de Internet


viernes, 31 de octubre de 2025

De sabios es dudar

Cuentan de un sabio que un día

salió a recoger sus hierbas

y buscando las más tiernas

vio que algo refulgía

allá al fondo de la senda.

¿Será oro?, entre sí decía,

¿tal vez un guiño de sol?

Aunque tarde, comprendió

cuando vio que su colega,

obviando presto las hierbas

sacaba un broche de perlas

de la duda que él meció.


Imagen de Internet



(Con permiso de Calderón)

sábado, 13 de septiembre de 2025

Claustrofobia

Siendo apenas un latido se sintió rechazado. Como si fuese un entrometido. A decir verdad, solo era el resultado fortuito de una relación sobrevenida. Algo puramente circunstancial.

Pese a todo se adaptó sin problema al tibio colchón de agua.

Inevitablemente, al paso de las semanas su situación se fue haciendo más embarazosa. Incluso empezó a notar cierta sensación de ahogo. El claustro materno se le antojaba hostil y en cuanto pudo salió por pies. Prematuramente.


sábado, 19 de julio de 2025

Fe de ratas

Aquella noche Morgan decidió jugar sus propias cartas. Aunque habían acordado previamente todos los detalles del golpe, circunstancias imprevistas le ofrecieron nuevas expectativas. Morgan no pudo resistir la tentación de añadirle su toque personal. Días después pagaría caro su excesivo protagonismo. Sus compinches se ensañaron con él y, dándole por muerto, lo abandonaron en un oscuro callejón. A duras penas pudo reaccionar a tiempo. Las ratas ya habían detectado su presencia y paladeaban el festín. La que parecía el macho alfa se acercó chillando en ademán retador, pero tras ratificar su lamentable estado, retrocedió. Morgan desconocía por completo la sicología de las ratas. Por supuesto ignoraba que compartía con ellas un ancestro y varias secuencias evolutivas. Sin embargo no pudo evitar apreciar en su gesto un atisbo de empatía. El resto de la camada asumió sin dilación la repentina transformación de su líder, cambió el chip y se dejó llevar. Morgan no contaba con la inoportuna presencia de un testigo. Apostado en un rincón, un compinche rezagado contemplaba la escena, acariciando su consustancial pistola. Reacio a ponerse a la altura de las ratas, se portó como un hombre y lo remató.


Imagen de Internet



domingo, 25 de mayo de 2025

Cortando por lo sano

Años atrás había sido un barrio comercial, pero la rápida expansión de la ciudad lo abocó a un progresivo declive. A estas alturas resultaba sorprendente que alguien se arriesgara a instalarse allí. Por muy “innovador’ que fuese el proyecto en ciernes. Sin embargo, un individuo con ínfulas de visionario, parecía haber descubierto el ave fénix en un ruinoso almacén incendiado en extrañas circunstancias.

Tras una reforma integral, concedió un periodo de puertas abiertas. La gente acudía intrigada y se dejaba seducir por el metafísico atractivo de aquel espacio vacío. La deslumbrante ausencia de todo les liberaba del acuciante acoso de las cosas, permitiéndoles percatarse de la presencia del otro. Algunos, incluso se encontraron a sí mismos. “Hay que vivir la experiencia” se convirtió en algo más que un slogan y aumentó la demanda de sentirla. Sin embargo, a los pocos días el local fue clausurado sin contemplaciones. Un documento del Departamento de Usos y Actitudes señalaba “que aquel peligroso montaje woke, fomentaba tendencias atentatorias contra la sociedad que con sumo esfuerzo formamos entre todos. Aunque, de momento, parecía algo incipiente y cosa de frikis, se hacía preciso echar por tierra un posible nicho de negocio”.


Imagen de Internet


Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: lo incorrecto


miércoles, 30 de abril de 2025

Aspiraciones por el suelo

Un estruendoso portazo lo descabalgó de la polvorienta estantería. Súbitamente arrancado de aquel desvarío de tomo y lomo quedó descoyuntado y a merced del matacabras que se colaba por los desvencijados ventanucos del desván. Con los rasgos de su triste figura desperdigados por el suelo, se escucharon unos gritos lastimeros que, según se le daba a entender, invocaban angustiosamente sus legendarios auspicios de caballero andante. Ni siquiera los largos años anquilosado en un papel subalterno podrían dispensarle ¡Voto a bríos! de atender tan honroso reclamo. Con ímprobos esfuerzos logró reunir las desencuadernadas trazas de su hidalguía, que habían logrado sobrevivir a la voracidad de los bibliófagos. Sin necesidad de la aquiescencia de Sancho y haciendo caso omiso de la ausencia de los equinos, se escudó en las volutas de polvo y espoleadas por el cierzo se arremolinaron en insólita alianza para socorrer al presunto desvalido.

Un insistente rumor fue anunciando el progresivo acercamiento del taimado malandrín, pero el empuje del viento impidió cualquier posibilidad de evitarlo. En medio de un ruido estentóreo y sin poder escapar de la potencia de aspiración fueron absorbidos por la trompa de aquel monstruo mecánico.


Imagen de Internet


Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: Quijoterías

domingo, 20 de abril de 2025

Una escuela de 100 años

La tabla del siete

Ave María purísima! Ni siquiera el piadoso saludo conseguía moderar el rictus del maestro. Quizás por un empecinado empeño en hacer honor a su nombre o simplemente por deformación profesional, Don Severo mantenía siempre su rostro adusto. Sobre todo con «Gonzalito», que ya sería Gonzalo de no ser por las prioridades de su casa que lo retrasaban.

Don Severo toleraba mal sus ausencias y se consumía cada vez que se trastabillaba en la tabla del siete. Ni a ritmo de palmeta conseguía encarrilarlo. El día que ardió la escuela, la cara de Don Severo era un poema. Al ver salir a Gonzalo ennegrecido y renqueante, se tornó dramática. No pudo reprimir una lágrima, cuando le entregó su palmeta chamuscada.



  Escuela de los años 20 San Vicente del Monte (Cantabria)

Juegos manuales

Yo no salgo en la foto. Juanín, que me había quitado la mejor de mis canicas, se puso ufano a mi lado. De pronto, sentí algo frío en el cuello. Me volví bruscamente hacia Juanín y vi que no era su mano la que me tocaba sino la de Marta, una niña que nos gustaba a ambos. Ella había rescatado hábilmente la canica del bolsillo de Juanín y quería devolvérmela, pero acabó en el suelo. Yo, intentando recuperarla, alboroté al grupo. Don Mariano con un grito severo nos llamó al orden. Por eso salen todos tan serios. Todos menos yo, que todavía agachado sonreía doblemente satisfecho: tenía la canica de nuevo y, sobre todo, a Marta de mi parte.

Escrito por Juana Igarreta para el concurso Una escuela de 100 años

lunes, 31 de marzo de 2025

El que no corre, vuela

Aunque faltaba poco para cumplirse el plazo, se enteraron de que todavía podrían sortear los estrictos controles establecidos por el nuevo sátrapa. Al menos uno de ellos podía llegar a tiempo.

Pese a su aparatosa tara Ladislao confiaba en sus posibilidades. Siempre había sido capaz de abrirse paso con soltura. Con la verdad por delante y muleta en ristre movía a la gente a compasión, de manera que aquel hándicap tan notorio llegaba a convertirse en una ventaja. Más de una vez logró colarse de rondón en situaciones en que una prolongada espera hubiera supuesto cuando menos una exasperante pérdida de tiempo y quién sabe si un riesgo para su vida.

Sabiendo con quién se la jugaba Sebastián iba de sobrado, confiando sobre todo en sus dotes de consumado embaucador. Cuando llegó al último control estaba exhausto y sin argumentos. Un viejo compañero de fatigas reconvertido en policía de fronteras se la tenía guardada. Sabiendo de qué pie cojeaba le preparó una encerrona y tras pillarle en un traspiés lo detuvo. Al ver a Ladislao a salvo, alardeando de su cojera y con la muleta a guisa de trofeo, Sebastián masculló para sus adentros “¡Malditos refranes!”.


Imagen de Internet





Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: La mentira

martes, 4 de marzo de 2025

Menú especial


Menú especial (1)

Cuando vio al minino subirse a la parra recordó que en situación parecida ella había hecho el ridículo. Pero viéndole comerse las uvas no pudo evitar que se le hiciera la boca agua. Más de una vez lo tuvo al alcance, pero nunca se decidió a hincarle el diente. Su dulzura le inspiraba ternura. Pero de pronto le resultaba apetecible. ¿A quién le amarga un dulce?

Dispuesta a no tropezar de nuevo en la misma parra, comenzó a trepar suprepticiamente. Con un sutil quiebro el gatito evitó convertirse en manjar. La zorra pagó cara su osadía. ¡Menú….do batacazo!


Imagen de Internet

===============================================

Menú especial (2)

Su eminencia era amigo de la buena mesa pero un día de difuntos requería un ágape frugal. Su ánimo flaqueó ante unas «alcachofas al infierno». Excusándose por la «blasfemia» reconoció que estaban divinas. Sin tiempo para reponerse, sus fosas nasales detectaron en la olla podrida un atisbo del paraíso.
Y los postres? Oooooh, los postres!!!
Los «buñuelos de viento» estaban como para echarse a volar. ¿Qué decir de los «huesos de santo»? De muerte. Cómo colofón, un «tocino de cielo» sólo para bienaventurados . Renunció al café por excitante y al vinito dulce de las Camaldulenses por su fama de afrodisíaco.

Imagen de Internet


viernes, 17 de enero de 2025

Música celestial

La escalera que arrancando desde el pasillo contiguo al refectorio subía al piso donde se encontraban las celdas, parecía diseñada según las directrices de alguna tortuosa mente. Tan anárquica sucesión de tramos, giros y descansillos, sin duda respondía a algún secreto motivo. En un lugar indeterminado del laberíntico desvarío un pequeño recoveco daba lugar a una exigua capillita, suficiente para encajar una extraña pintura. Bajo la alquímica cobertura del óleo ocultaba su identidad un personaje representado de espaldas.

Aquella noche, poco antes de la hora de Maitines, la abadesa Hermenegilda Dunord tuvo uno de sus cíclicos arrebatos. Contraviniendo la lógica propagación del eco, su grito recorrió las más enigmáticas anfractuosidades de la escalera. Transformado en obsesivo lamento fue modulando sus notas hasta trocarse en subyugante armonía. Severo Manontroppo, inquisidor de infausta memoria, no pudo permanecer por más tiempo impasible y desprendiéndose de su anclaje en el pasado dio la cara. Tras contemplar en la trama del lienzo su terrible impronta esbozó una mueca ambigua, recompuso su figura y se dejó seducir por los liberadores matices de la melodía. Sus acariciantes inflexiones le hacían presagiar un acorde perfecto. La abadesa siempre estaba dispuesta a dar el do de pecho.


Imagen de Internet

Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: Escalera.

jueves, 12 de diciembre de 2024

Rituales

A primera hora, Bernardo tuvo que dar el callo en un entierro de excesiva pompa para tan efímera circunstancia, pensó emulando la ácida socarronería de Eustaquio, su antecesor en el cargo. Él le había enseñado a relativizar la transcendencia de su oficio. Amén de a liar un cigarro, como si fuese un ritual.

Precisamente hoy se cumplían dos años de su defunción. Qué mejor manera de honrar su memoria que liando un pitillo con aquella actitud suya, casi sacramental.

Al pie de su tumba, Bernardo sacó la picadura y un librillo Abadie, moldeó una hojita entre sus dedos y distribuyó las hebras en el nicho de papel. Después las envolvió con él, ensalivó su borde engomado y selló el canuto. Una vez compactado lo colocó en sus labios y activó el chisquero. Al segundo intento afloró una llamita agonizante, suficiente para cebar el cigarro. La primera calada le llegó al alma. Bernardo retuvo el humo hasta el límite de su capacidad. Cuando sus alveolos pulmonares detectaron la mordida de la nicotina, lo fue expulsando. Voluta a voluta, el humo debió de alcanzar el más allá. En medio del sepulcral silencio se escuchó un lejano carraspeo.


Imagen de Internet


jueves, 24 de octubre de 2024

Profundidad de campo

“El campo siempre estará abierto a todas las posibilidades”, repetía constantemente la megafonía. “Incluso a la de cerrarse”, apostilló un resentido, que gesticulaba escenificando la ampulosidad del eslogan.

Lo que al principio parecía un desaforado exabrupto, se transformó, de boca en boca, en un inquietante augurio. El campo, cuyos límites se perdían más allá del horizonte, podría ser acotado. Lejos de quedarse al margen, el inmenso terreno fue capaz de sobreponerse a sí mismo. En una sobreactuada redundancia campó a sus anchas por los más abruptos descampados. Para cuando llegó a aquella difusa masa verde ya había germinado en su seno una pregunta seminal: ¿Será esto el bosque? La inusitada contundencia del interrogante hizo mella en la frondosa espesura. Haciendo honor al dicho, los árboles se empeñaron en no dejar ver el bosque y cayeron uno tras otro en una insólita batalla campal. La terrible sarracina acarreó una ingente cantidad de leña. Los roces hicieron inevitables las chispas y el fuego, siempre a la que salta, se dejó seducir. Arrasada la masa boscosa, sólo quedó tierra quemada. Como un ave Fénix, el campo resurgió de sus cenizas y volvió a las andadas.


Imagen de Internet




viernes, 6 de septiembre de 2024

Un cúmulo de circunstancias

Para sobrellevar la vida de recluso era conveniente mantener rituales y rutinas. Intentar hacer un pacto con el tiempo. En definitiva, estrategias para matarlo. Como cada tarde, Mortimer se encaramó a las rejas de su celda para contemplar la puesta del sol. Un privilegio de veterano, condenado sine die a la pena capital. Dadas las circunstancias, aquellos momentos constituían una sus escasas posibilidades de evasión. O de caer preso de la nostalgia. Pese a todo todavía podía rescatar algún recuerdo feliz.

Mortimer había tenido una infancia difícil. Los años de reformatorio le llenaron de rabia y resentimiento. Su escasa empatía, unida a una extrema meticulosidad, conformarían su particular modus operandi. Pagado de sí mismo, cobraría por objetivos. Alérgico a los escrúpulos de conciencia, lo importante era mantener la distancia. Entre su punto de vista y el punto de mira sólo había un problema de balística. En cierta ocasión se cruzó en su trayectoria un imprevisto. Un lamentable daño colateral.

Ahora que su sentencia estaba al caer, la mortecina luz del atardecer parecía empeñada en recordarle aquel muerto, y la imagen largamente encriptada del niño que aquel día se puso a tiro, le dio de lleno.


Imagen de Internet

 

Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: SAUDADE o sentimiento próximo a la melancolía.

domingo, 4 de agosto de 2024

Así en la tierra como en el cielo

La hermana Imelda, postulante en el convento de las carmelitas de Villamaluenga, tortura sus torneadas rodillas postrada ante el altar, donde un exultante San Sebastián, asaeteado hasta la extenuación, sonríe entusiásticamente. Por más que Grijelmo, su joven confesor, trata de explicarle la peculiar idiosincrasia de los mártires, Imelda no acierta a despejar aquella patente contradicción tallada con saña en madera policromada. Le resulta difícil asociar la viva expresión de felicidad del rostro del santo, con el doloroso aspecto de sus sangrientas heridas. La verdad es que tampoco tiene muy clara la naturaleza de los gozos que, según Grigelmo, la esperan en la otra vida, como premio a las privaciones y sacrificios que tiene que soportar día a día en el convento. Aunque para Imelda, el mero hecho de dejarse acariciar los oídos por su melodiosa voz, ya es una bendición. Si, además, tiene ocasión de intuir tras la rejilla del confesionario el sensual aleteo de sus labios, miel sobre hojuelas. Más de una vez se ha sentido embargada en momentos así por un dulce arrebato. Incluso ha llegado a pensar si no será un atisbo del paraíso. Cuánto le gustaría saber qué diría Grijelmo.


Imagen de Internet


Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: Voorpret, emoción previa de lo bueno que está por suceder.