miércoles, 29 de abril de 2026

Conjugando tiempos

 

¿Cómo iba a esperar Amalia, tras recorrer medio mundo como fotógrafa de guerra, que el mayor conflicto al que enfrentarse le sorprendería en el confort de su casa?

Ha pasado muchos años empuñando su cámara como arma de denuncia, plasmando en cada imagen la injusticia y el sufrimiento humanos, capturando el desgarro en la mirada de quienes lo han perdido todo. Pero hasta ahora, por muy empática que se mostrara con los que eran objeto de su observación, el dolor siempre se quedaba al otro lado de la cámara.

El colapso llegó sin avisar, robándole la luz de un día primaveral y de muchos de los que vendrían después. Se adueñó de su forma de moverse, de sus palabras, de su vida. Y de pronto se sintió conjugando los verbos en pasado: “Yo andaba bien, yo hablaba bien, yo estaba bien”. Esa cotidianidad truncada que tantas veces reflejaban sus fotografías, ahora la sufría en sus propias carnes.

Desde entonces, Amalia hace de cada día un acto de resistencia frente al ictus que la somete. Cada vez está más cerca de volver a conjugar su vida en presente: “Yo ando bien, yo hablo bien, yo estoy bien”.


Imagen de Internet

Escrito por Juana María Igarreta para ENTC - Propuesta: coraje



jueves, 16 de abril de 2026

Anagrama

Aurelio no salió excesivamente mal parado de sus travesuras infantiles. Apenas le quedaba el recuerdo de algunos chichones y restos de alguna que otra cicatriz. Eso sí, arrastraba una cojera, producto de una de tantas caídas sufridas durante sus correrías por los accidentados andurriales de aquel poblado perdido de la mano de Dios. La escasa atención médica y una absoluta confianza en los remedios caseros hicieron que algo en principio de relativa importancia fuera a más, hasta el punto de acarrearle cierta incapacidad. Lejos de suponerle un hándicap, Aurelio echó mano de su talante animoso y ocurrente, y sacando coraje de su cojera la convirtió en su seña de identidad. Era todo un espectáculo verlo caminar con aquel ademán, un tanto forzado pero sin embargo no exento de gracia. Tal vez solamente era una manera de disimular algo que seguro que le hacía sufrir.  Pese a todo había algo que no olvidaba hacer cada día. Sabedor de la hora en que la tía Ramona salía de su partida de cartas, se acercaba cada tarde presto a empujarle la silla de ruedas por la pequeña rampa que conducía a casa. Después se retiraba ya cansado a la suya.


Imagen de Internet

Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: Coraje