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sábado, 20 de junio de 2026

Mano de santo

Tic-tac, tic-tac…, os habla un empleado municipal del Ayuntamiento de Pamplona. Desde los años noventa habito un privilegiado otero en esta casa consistorial. Mi antecesor fue cesado por perder la noción del tiempo. No es de extrañar, llevaba en este puesto desde el siglo XIX y en nuestro oficio no se permite estar en horas bajas. Marcar el ritmo de la vida de los pamploneses es tarea de gran responsabilidad, pero es anunciando el principio y final de los Sanfermines cuando mis agujas se afanan con especial precisión. En esta emblemática plaza, cada 6 de julio a mediodía y cada 14 de julio a medianoche, me pregunto hasta cuándo aguantará sin quebrarse mi frágil esfera de cristal la emoción de ser el centro de miles de miradas. En el Chupinazo, miradas ávidas de fiesta y diversión surgiendo tras el rojo de los pañuelos extendidos. En el Pobre de mí, miradas lacrimosas que intentan encontrar consuelo en un mantra de cánticos de despedida.

Tic-tac, tic-tac…, oídme los de aquí y los de allá. Pamplona os ofrece los mejores nueve días de su tiempo. Este reloj os espera con las manecillas abiertas. Si venís, comprobaréis que para aliviar las penas nuestras fiestas son mano de santo.


  Imagen del Blog-Quiero viajar sola.com

Escrito por Juana Igarreta - Propuesta enviada al Certamen Microrrelatos Blog San Fermín



sábado, 21 de junio de 2025

A Pamplona hemos de ir

—Siendo vuestra merced, señor Don Quijote, persona ilustrada, habrá oído hablar de la existencia de un viejo reino en cuya capital, Pamplona, y en honor a un tal San Fermín, se celebran unos festejos que no tienen parangón...


Al grano, Sancho, al grano.


Cuentan que durante ocho días comen, beben y bailan más que en las Bodas de Camacho, contagiando de alegría hasta al más triste. Además, y aquí viene lo que me tiene inquieto el magín…


Te recuerdo, Sancho, que es mejor no empezar a hablar si no estás seguro de lo que vas a decir.


He sabido que en esas tierras gobernaron durante siglos muchos Sanchos; siendo Sancho yo también, ¿no sería menester conocer ese lugar?


Por otro lado, afine vuestra merced bien el oído, dicen que en Pamplona tienen a ocho gigantes cautivos, y que sólo para bailar les conceden libertad.


­Amigo Sancho, motivos tenemos los dos para emprender esta aventura, pues parece prometer más ventura que locura. Habrá que ver si entre aquellas gentes aún te quedan parientes, y si son molinos o gigantes esos extraños danzantes. ¡Vayamos prestos a buscar las cabalgaduras! Con tu burro y mi rocín ¡a Pamplona hemos de ir!


Imagen de Internet


Relato finalista Certamen Internacional Microrrelatos San Fermín 





miércoles, 6 de julio de 2022

Desconexión fallida

Hoy es seis de julio, para mí un día más. Haciendo un ejercicio de control emocional, me he propuesto pasar de los sanfermines. Poner distancia me va a venir bien para centrarme en los estudios. Estoy orgulloso de mi decisión, “todo un signo de madurez” ha dicho mi madre.

Aquí estoy, tendido de sol. ¡Perdón!, tendido al sol quiero decir, pero es que la arena de esta condenada playa me recuerda demasiado a la de la plaza de toros. Cambio de tercio y me sumerjo en el mar, obviando la bandera roja. ¿He dicho roja? Las olas me persiguen furiosas con sus crestas astifinas… ¡Buf!, no sé si es el calor o la chirrinta de volver a correr en el encierro lo que me hace hablar tan raro. Me voy a tomar algo. Bajo una de las vitrinas del mostrador del bar no tardo en ver un plato de pimientos del piquillo; pero, ¡¿desde cuándo se parecen tanto a los pañuelicos de San Fermín?! Alguien descorcha una botella de champán, me tapo los oídos. Así no hay quien desconecte. Me vuelvo a Pamplona.

Estoy en mi habitación. Oigo la puerta de la calle. ¡Mamá todavía estoy muuuuy veeeerde!, grito mientras me visto de blanco.




Escrito por Juana Igarreta - Concurso microrrelatos Blogsanfermin.com 

Relato finalista

martes, 6 de julio de 2021

Sanferminera


El alcalde de Pamplona  lo dijo así de claro: “Muy a mi pesar, me veo obligado a suspender las fiestas de San Fermín de este año 2021”. Estas palabras que disparó al punto de la mañana el viejo aparato de radio, cuyo volumen endiablado parecían manejarlo unas manos invisibles, impactaron como proyectiles en los oídos de Sátur, nublando irremediablemente su mirada. Acodada en el alféizar de la ventana se asomó al interior de sus recuerdos y, envuelta en un tsunami  de nostalgia, una vertiginosa sucesión de imágenes ocupó su mente: Sátur niña, escapando de Caravinagre presa de un temor emocionante; Sátur joven, bajo el hechizo de los fuegos artificiales degustando besos con sabor a kalimotxo; Sátur madre, de gaupasa en el sofá esperando el milagro de la aparición de los hijos; Sátur abuela, bordando en plata el nombre de su primer nieto en un pañuelico rojo.

Cuando se sobrepuso, algo avergonzada, murmuró por lo bajo: “Con la que está cayendo y yo tan mayor dejándome  llevar por estas sensiblerías… Mejor que no se entere nadie”. Luego cerró la ventana y se dirigió al santo que presidía la biblioteca: “¿Qué tal si sacas tu capotico y nos libras ya de este morlaco?”.




Escrito por Juana Igarreta - Certamen Microrrelatos Blog San Fermin


lunes, 5 de julio de 2021

En blanco

"Ya es oficial, por segundo año consecutivo las fiestas de San Fermín brillarán por su ausencia".

Así empezó su homilía dominical don Anacleto, a la sazón párroco de San Agustín, antes de quedarse en blanco, con los ojos llorosos y la vista clavada en el confesonario del lado del evangelio. Allí desnudaba su alma, Alejandra "la zamba", carbonera de Navarrería, toda una vida faenando entre los montones de leña y el fondo berrendo en negro del carbón de encina.
Cuando don Anacleto volvió en sí, el coro finalizaba un motete, oportunamente intercalado para cubrir su espantada. Esperando que retomara el hilo, la nutrida concurrencia concentró su mirada  en el rostro enrojecido del párroco, que mirándolos de hito en hito buscaba a Rosendo, zagal malencarado y levantisco que siempre le llamaba "padre", con aquel tono tan mordaz. Debido a las "no fiestas", las costilladas serían contadas y el carbón de Alejandra  quedaría a la espera de los rigores del invierno. Y pensó Don Anacleto:  "Qué cosa más cristiana que hacer la vista gorda ante la flaqueza humana". Al fin y al cabo, a cuánto podía ascender lo sustraído de los cepillos? ¡Jodido Rosendo!


Imagen de Internet