Tic-tac, tic-tac…, os habla un empleado municipal del Ayuntamiento de Pamplona. Desde los años noventa habito un privilegiado otero en esta casa consistorial. Mi antecesor fue cesado por perder la noción del tiempo. No es de extrañar, llevaba en este puesto desde el siglo XIX y en nuestro oficio no se permite estar en horas bajas. Marcar el ritmo de la vida de los pamploneses es tarea de gran responsabilidad, pero es anunciando el principio y final de los Sanfermines cuando mis agujas se afanan con especial precisión. En esta emblemática plaza, cada 6 de julio a mediodía y cada 14 de julio a medianoche, me pregunto hasta cuándo aguantará sin quebrarse mi frágil esfera de cristal la emoción de ser el centro de miles de miradas. En el Chupinazo, miradas ávidas de fiesta y diversión surgiendo tras el rojo de los pañuelos extendidos. En el Pobre de mí, miradas lacrimosas que intentan encontrar consuelo en un mantra de cánticos de despedida.
Tic-tac, tic-tac…, oídme los de aquí y los de allá. Pamplona os ofrece los mejores nueve días de su tiempo. Este reloj os espera con las manecillas abiertas. Si venís, comprobaréis que para aliviar las penas nuestras fiestas son mano de santo.
| Imagen del Blog-Quiero viajar sola.com |
Escrito por Juana Igarreta - Propuesta enviada al Certamen Microrrelatos Blog San Fermín
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