A Manuel le encantaba jugar con las muñecas de su hermana Candela.
Peinaba a las Barbies haciéndoles unos recogidos muy estilosos. Y
mientras Luisa, su madre, a esto no le concedía mayor importancia, a
Juan, su padre, no le hacía ninguna gracia. Decía que jugar con muñecas
era cosa de chicas…
Una noche Manuel escuchó una conversación entre sus padres:
- Oye, Luisa, ¿este hijo nos habrá salido “rarito”?
– No lo sé - dijo su madre.
En este punto de la conversación, se cerró la puerta de golpe y ya no pudo oír nada más.
Llegó el cumpleaños de Candela y entre los regalos hubo uno que llamó especialmente la atención de Manuel: un maravilloso disfraz de princesa.
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Foto de internet |
Aprovechando un momento que todos estaban en el salón, Manuel entró en el cuarto de Candela y se puso el disfraz. Se quedó hechizado ante el espejo viendo su menuda figura envuelta en raso y puntillas. De pronto, entró su padre. El corazón de Manuel galopaba. Juan se le acercó y, cogiéndolo cariñosamente en sus rodillas, le preguntó: - ¿qué le pasa a la princesa? Manuel abrazado a su padre rompió a llorar, preso de una emoción entretejida de alivio y esperanza.
Mi participación en mayo en ENTC
http://estanochetecuento.blogspot.com.es/2013/05/may32-el-peluquero-de-barbies-de-juana.html
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