Ayer se inauguró la Tómbola. Y cuando
en el Paseo de Sarasate, uno de mis lugares más emblemáticos, se abre la
Tómbola de Cáritas, mi corazón urbanita se acelera. No es sólo porque vea a
mayores y niños abrir los boletos con esa ilusión renovada año tras año, cosa
que también me encanta, es porque… ¡ya queda muy poco para los Sanfermines!
Estoy deseosa de que llegue el 6 de
julio. Cuando veo frente a mi Ayuntamiento ese mar blanco y rojo formado por
miles de personas que esperan ansiosas el estallido del cohete anunciador de
mis fiestas… siento como se estremecen mis adoquines y flaquean mis nervios de
cemento.
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foto de internet |
Es que mis Sanfermines son unas
fiestas muy especiales. Muchos se preguntan cómo siendo yo una ciudad tan
pequeña puedo tener unas fiestas tan grandes.
Mis calles y plazas son testigos de
trepidantes carreras ante los toros, unos, y ante los kilikis, otros; del
vértigo en lo alto de la noria, del hechizo nocturno bajo los fuegos
artificiales…
Muchos deben a mis fiestas su primera
noche fuera de casa, su primer kalimotxo, su primer amor. Algunos también su
primera locura.
Podría contaros tantas cosas… pero ya
he llegado a las 204 palabras.
Firmado: Pamplona-Iruña.
Mi participación en el V
Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín.
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