domingo, 15 de septiembre de 2024

La casa de Marina


Marina está frente al espejo. Escudriña su rostro generoso en arrugas. Ayudándose de ambas manos, estira su cara y, por un momento, rescata a la joven que fue. Luego se detiene en la cicatriz de su mejilla izquierda, y su imagen hecha niña la conduce hasta la casa donde nació. Una casa que nunca fue de su familia, pero a la que Marina siempre ha pertenecido. Porque cuando mandan los sentimientos el concepto de propiedad no coincide con lo escriturado por un notario.

Nunca ha olvidado el día que su familia decidió abandonar aquel primer hogar. Encerrados en sus paredes quedaron sus primeros pasos, sus primeros juegos, sus primeros sueños. Los mayores hablaban de futuro, pero los ojos de una niña de siete años no alcanzan a ver tan lejos. También oyó comentar a su madre que los abrazos de don Cosme, el dueño de la casa, eran demasiado largos; pero una niña de siete años no sabe medir un abrazo.

Desde que Marina supo que la casa ahora yace bajo las aguas de un pantano, lo mismo dormida que despierta, vuelve a ella. Se niega a que las sombras del olvido la borren para siempre de su memoria.


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Escrito por Juana Igarreta para ENTC - Propuesta: Saudade o sentimiento próximo a la melancolía.

viernes, 6 de septiembre de 2024

Un cúmulo de circunstancias

Para sobrellevar la vida de recluso era conveniente mantener rituales y rutinas. Intentar hacer un pacto con el tiempo. En definitiva, estrategias para matarlo. Como cada tarde, Mortimer se encaramó a las rejas de su celda para contemplar la puesta del sol. Un privilegio de veterano, condenado sine die a la pena capital. Dadas las circunstancias, aquellos momentos constituían una sus escasas posibilidades de evasión. O de caer preso de la nostalgia. Pese a todo todavía podía rescatar algún recuerdo feliz.

Mortimer había tenido una infancia difícil. Los años de reformatorio le llenaron de rabia y resentimiento. Su escasa empatía, unida a una extrema meticulosidad, conformarían su particular modus operandi. Pagado de sí mismo, cobraría por objetivos. Alérgico a los escrúpulos de conciencia, lo importante era mantener la distancia. Entre su punto de vista y el punto de mira sólo había un problema de balística. En cierta ocasión se cruzó en su trayectoria un imprevisto. Un lamentable daño colateral.

Ahora que su sentencia estaba al caer, la mortecina luz del atardecer parecía empeñada en recordarle aquel muerto, y la imagen largamente encriptada del niño que aquel día se puso a tiro, le dio de lleno.


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Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: SAUDADE o sentimiento próximo a la melancolía.

viernes, 9 de agosto de 2024

Compañera de batalla

Al fin ha llegado el día. Desde que recibió la llamada, Bruno es otra persona. Tras sufrir mucho tiempo una esperanza con intermitencias, la alegría de la certeza ilumina su interior y se desborda a menudo en sus ojos.

Antes de marcharse, se asoma una última vez a su habitación. Bajo la funda acolchada se adivina la silueta de la que ha sido su compañera de batalla durante los dos últimos años. Aunque al principio le costó adaptarse a sus exigencias, sin ella no habría podido llegar hasta aquí.

Sentado en el autobús que lo lleva al hospital, siente al mismo tiempo ilusión e incertidumbre ante la nueva vida que le espera. Esta mezcla de emociones deriva de pronto en cierta desazón. Ahora, lejos de la euforia del primer momento, toma conciencia de que su golpe de suerte proviene del infortunio de otro.

Recupera el ánimo al observar a Tomás esperándolo en la puerta del centro médico. Un amago de sonrisa se cuela en sus labios al recordar las palabras de su amigo en la última de sus visitas: “Esta amiga a la que te conectas todas las noches tiene que valer un riñón”.

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Escrito por Juana Igarreta para ENTC - Propuesta: Voorpret o emoción previa de lo bueno que está por suceder.



domingo, 4 de agosto de 2024

Así en la tierra como en el cielo

La hermana Imelda, postulante en el convento de las carmelitas de Villamaluenga, tortura sus torneadas rodillas postrada ante el altar, donde un exultante San Sebastián, asaeteado hasta la extenuación, sonríe entusiásticamente. Por más que Grijelmo, su joven confesor, trata de explicarle la peculiar idiosincrasia de los mártires, Imelda no acierta a despejar aquella patente contradicción tallada con saña en madera policromada. Le resulta difícil asociar la viva expresión de felicidad del rostro del santo, con el doloroso aspecto de sus sangrientas heridas. La verdad es que tampoco tiene muy clara la naturaleza de los gozos que, según Grigelmo, la esperan en la otra vida, como premio a las privaciones y sacrificios que tiene que soportar día a día en el convento. Aunque para Imelda, el mero hecho de dejarse acariciar los oídos por su melodiosa voz, ya es una bendición. Si, además, tiene ocasión de intuir tras la rejilla del confesionario el sensual aleteo de sus labios, miel sobre hojuelas. Más de una vez se ha sentido embargada en momentos así por un dulce arrebato. Incluso ha llegado a pensar si no será un atisbo del paraíso. Cuánto le gustaría saber qué diría Grijelmo.


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Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: Voorpret, emoción previa de lo bueno que está por suceder.

domingo, 23 de junio de 2024

Tiempo de contemplación

A Sabina le gusta su casa como está. Con los suelos salpicados de arañazos y quejumbrosos bajo las pisadas. “A esta casa y a mí nos sucede lo mismo: que somos viejas”, suele comentar a las escasas visitas que recibe. Sus sobrinos no entienden cómo puede vivir rodeada de tantas antiguallas. Pero ella, octogenaria y avezada en soledad, percibe en cada cosa el aliento de los que se fueron. Contemplando los ajados tapetes trabajados a ganchillo, rememora las hábiles y laboriosas manos de su madre; reconoce todavía en cada cuadro la pericia de su hermano con los pinceles; presiente, dormidos sobre la gran mesa del viejo comedor, los ecos bulliciosos de las prolongadas comidas familiares de antaño.

Hoy Sabina se ha levantado temprano. Tiene que reencontrarse con una amiga muy especial. El deseo de volver a verla aumenta tras cada tormenta.

Al llegar, fatigada y sudorosa, observa con alivio y deleite que su amiga centenaria sigue conservando su magnífico porte. Consciente de que puede ser la última vez que la contempla, le dedica un abrazo largo y efusivo, mientras se lamenta de parecerse a ella únicamente en el nombre.


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Escrito por Juana Igarreta para ENTC - Propuesta: Wabi Sabi - Nada dura para siempre, nada es perfecto.

sábado, 22 de junio de 2024

La última morada de Kenzo


Kenzo hacía tiempo que no visitaba aquel lugar. Motivos de trabajo le habían llevado por todo el mundo, pero al perder a Masumi sintió la necesidad imperiosa de poder volver a la pequeña casa de la montaña. Allí esperaba encontrar ecos de su voz serena y reminiscencias de sus pasos quedos. No en vano todo aquello era obra suya y pese al relativo abandono conservaba en cada detalle huellas de su sensibilidad zen.

Cuando llegó, la luz invernal del atardecer entraba atenuada bajo los amplios voladizos y, filtrándose a través de los khojis, envolvía la estancia en una suave sombra. En un lateral destacaba el sobrio Tokonoma, realzado por un desplegable de estilo Nihonga. En medio de un tatami, restos de adornos florales componían en un casual Ikebana un elogio a la decadencia.

Una mañana Kenzo quedó ensimismado viendo el sol insinuándose tras los carámbanos que colgaban del alero. Poco a poco su gélida dureza comenzó a fluir en un constante tintineo de gotas de agua. Acompasado con aquel metrónomo, Kenzo perdió la noción del tiempo. Antes de que el sol alcanzara su zenit, Kenzo se disolvió en el Tao.


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Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: wabi sabi o nada dura para siempre, nada es perfecto

viernes, 19 de abril de 2024

El último verso del último poema del último libro

Cuando tienes un amigo poeta nunca te tomas demasiado en serio el mensaje de sus versos. Acababa de fallecer Gonzalo, el mejor amigo de Alberto. Leyendo su último libro, en el que todos los poemas terminaban diciendo “me estoy muriendo de amor”, todo parecía responder a una fatal premonición.

Cuando Gonzalo hizo la presentación del libro, Alberto y su mujer, Maite, acudieron al acto. Al final del mismo, su amigo les dedicó sendos ejemplares del poemario, haciendo caso omiso a la sugerencia de la pareja indicándole que con uno era suficiente.

Tiempo después, abriendo el libro dedicado a Maite pensando que era el suyo, Alberto pudo leer en el último verso del último poema: “Me estoy muriendo de amor por ti”. ¿Era un error de imprenta? ¿Ella se había fijado? ¿Tenían algo más que amistad entre ellos y se lo habían estado ocultando? Enredado en múltiples interrogantes, Alberto sintió cómo la profunda tristeza por la muerte de Gonzalo mutaba inevitablemente en una suerte de alivio e inesperada alegría.


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Escrito por Juana Igarreta para ENTC - propuesta: Schadenfreude o la alegría por el mal ajeno





martes, 16 de abril de 2024

Pasión sin compasión

Sor Benita vive en un continuo sinvivir. Su calvario comenzó durante la oración vespertina, a causa de un incidente protagonizado por Sor Diluvina. Cuando se dirigía a su asiento sufrió un lapsus en su levitante caminar y tropezó con un reclinatorio. Sus ágiles reflejos, y según ella su Ángel de la guarda, impidieron que besara el pétreo suelo de la capilla. En todo caso, sería injusto minusvalorar su prodigiosa pirueta.
Sor Benita, atenta en aquel momento al místico recogimiento de su hermana del alma, tuvo sensaciones contradictorias.  Tras su inicial sobresalto, lejos de reaccionar con un ferviente sentimiento de empatía, tuvo que reprimir un furtivo conato de risa. ¿Cómo pudo sucumbir  a un impulso tan poco edificante, si bebe los vientos por Sor Diluvina y su corazón se acelera cada vez que la ve transitar radiante de espiritualidad?

Con la inestimable ayuda del  padre Mario, su confesor y reconocido experto en el alma monjil, Sor Benita escarba en su conciencia hasta encontrar briznas de resentimiento, sutilmente enmascaradas entre flores de santa envidia. Buscando un anclaje para su arrepentimiento dirige sus ojos llorosos hacia el altar cuajado de lamparitas temblorosas, donde vive un Cristo agonizante desde el siglo XVI.


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Escrito por Javier para ENTC - Propuesta: SCHADENFREUDE o alegría por el mal ajeno.

 Relato preseleccionado para ser incluido en la edición del libro de ENTC del 2024

viernes, 15 de marzo de 2024

Miradas elocuentes

Para “J” el tiempo es un valioso tejido del que no puede desperdiciar ni una hebra. Comparte vivienda y precariedad con otras cinco personas en los extrarradios de la ciudad. Muy de mañana cruza deprisa un parque para coger puntual el primer autobús que llega al centro. En su bolso tintinean las numerosas llaves de los pisos que limpia. Sueña con el día en que una de esas llaves abra la puerta de “su casa”.

Para “V” el tiempo es un tedioso y pertinaz acompañante con el que únicamente comparte soledad. Saliendo de casa trata de darle la espalda.

“J” vuelve al barrio bien entrada la tarde. Últimamente viene observando la presencia de “V” en uno de los bancos del parque. Su estática silueta, recortada por las últimas luces del día, ha llamado su atención. Conforme se acerca, agita su bolso con disimulada intencionalidad. “V”, saliendo de su ensimismamiento, alza la cabeza. Se miran.

A partir de ese día la escena se repite una vez tras otra. Sus ojos se encuentran. Sus miradas, cada vez más prolongadas, conversan.

Hoy “J” se ha sentado junto a “V”. Al fin, hablan. Aunque, sorprendentemente, ya sabían mucho el uno del otro.


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Escrito por Juana Igarreta para ENTC - Propuesta: MAMIHLAPINATAPAI o entendimiento silencioso entre dos personas.

La ultima contraseña

Mailen,  Al Morir Intentó Hablar. La Antigua Palabra Indígena Nació Ahogada. Temblorosa, Antilaf Pudo Adivinarla Íntimamente.