Marta
se ha sometido a un caro e innovador tratamiento de belleza en una
clínica puntera de neuroestética. Ha tomado buena nota de las
indicaciones de la doctora que la ha atendido. Ésta le ha explicado
muy bien el motivo principal de sus arrugas dinámicas: es demasiado
sensible y expresiva. Tiene que evitar siempre que pueda los
movimientos repetitivos de sus músculos faciales. Son el principal
origen de los surcos que afeaban su rostro al llegar a la consulta:
patas de gallo alrededor de sus ojos, líneas de marioneta
circundando su boca...
Para garantizar unos resultados duraderos, deberá tomar unas píldoras inhibidoras de las emociones. Así evitará reír, llorar y todo aquello que la haga gesticular gratuitamente.
Ya en la calle, saca un pequeño espejo del bolso para verse con luz natural. Observa con satisfacción su aspecto. Perfecto, ni rastro de arrugas. Uf... ¡ha estado a punto de sonreír!
Se dirige veloz a la farmacia. Cuanto antes tome la medicación, mejor.
El fin de semana, como muchos, se reúne con los suyos. Conforme se acerca al pueblo se sorprende al comprobar que la alegría de pertenecer a ese lugar y a esa familia prácticamente ha desaparecido.
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| Imagen de Internet |
Escito por Juana Igarreta para ENTC - Propuesta: Pertenencia

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