¿Os habéis preguntado alguna vez cómo se ve Pamplona a cuatro metros de altura? Posiblemente no, pero es normal, vosotros no sois gigantes.
Corría el año 1860 cuando Tadeo
Amorena, en su casa de la calle Tornerías, hoy San Nicolás, tuvo una gran idea.
Bueno, más bien una idea gigante; y gracias a él, hoy estamos aquí los ocho. Tadeo
nos creó de un tamaño acorde a nuestro cometido que, en Pamplona y por San
Fermín, requiere tener una gran altura de miras; mayor, incluso, que la del alcalde
de turno. Éste, aun desfilando solemnemente con su séquito en Cuerpo de Ciudad,
bien incline su bastón de mando hacia la derecha, bien lo haga hacia la
izquierda, nunca logra despertar el clamor popular que levanta nuestra
presencia en las calles. Nuestras imágenes cosmopolitas hechizan a niños y
mayores, colmando de júbilo los corazones de pamploneses y visitantes, en total
sintonía con el espíritu acogedor de estas fiestas.
Ha pasado más de siglo y medio desde
aquellos sanfermines que nos vieron nacer. Si Tadeo levantara la cabeza, sus
ojos de maestro pintor se desharían en lágrimas, viendo cómo sus ocho criaturas
contribuyen a que la fama de las fiestas de su querida Pamplona sea…
¡GIGAAANTE!
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