Mientras otros niños del sempiterno
campamento juegan a la guerra con proyectiles de lodo, los ojos de Nasim migran incansables de mujer en
mujer. Sus oídos escudriñan el griterío; tal vez, en ese mar de voces logre
escuchar la que anhela, y que ya no recuerda, llamándolo por su nombre.
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foto de Internet |
¿Quién puede asegurar que, de escucharlo, sabrá reconocer las palabras?
ResponderEliminarSaludos,
J.