Tenía una especial habilidad para manejarlas a todas. Rara
era la que se le resistía. A la última más de una vez la había mirado de reojo, cuando
a menudo se acercaba a buscar a alguna de sus compañeras, pero nunca hasta ese
día se había propuesto detenerse con ella.
Recordó, de pronto, que en su casa no querían ni oírla
nombrar, ya que hacerlo les evocaba una tarde aciaga en la que su hermano
pequeño desapareció durante horas en la feria del pueblo. Por eso, se acercó a
ella como quien lo hace a un fruto prohibido: con mucho sigilo y con un deseo
irrefrenable de probarlo. Primeramente, se interesó por el origen y significado
de su nombre. Después, dando rienda suelta a su imaginación, se dejó atrapar
por su sugerente imagen, en la que se adivinaban sinuosas curvas y oscuros y
húmedos recovecos. Su objetivo, al igual que con las otras, era conseguir que ella
se prestase con él a todo tipo de juegos. Para ello tenía que conocerla en profundidad,
en el sentido más amplio de la palabra.
El sonido del diccionario al impactar contra el suelo interrumpió
su laberíntico plan.
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Imagen de http://www.letraslibres.com/revista/artes-y-medios/del-laberinto-al-lector |
Juana, este escrito tiene todos los ingredientes para ser un micro buenísimo. Lo desarrollas muy bien con mucha intriga y terminas con un final sorprendente. Un fuerte abrazo, Sotirios. ( Mi relato cálido destripamiento ha sido finalista en un concurso que se llama “MADRID HISTORIAS BREVES”El día 20 de septiembre anunciarán el ganador. Lo colgué en mi blog si te apetece puedes leerlo.)
ResponderEliminarHola, Sotirios. Me alegra que te haya gustado el micro. Gracias por pasarte y comentar. Por supuesto que me pasaré a leer tu relato. Otro abrazo para ti.
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