Una y mil veces se había colocado Francisco frente al espejo
durante la semana, para ensayar unas breves palabras que sobre la vejez diría
aquella tarde en el salón de actos de la residencia. Pero la última de esas veces, justo había comenzado la frase "La vejez es...", como si estuviera
harto de su imagen y de sus palabras, el espejo se le vino encima haciéndose
pedazos.
Imagen de Internet
Francisco, agotado y sudoroso, mientras
recogía uno a uno los fragmentos del espejo y viéndose reflejado en
cada uno de ellos, se dijo: —La vejez es la juventud “hecha añicos”.
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