A grandes zancadas sobre las olas
consiguió atravesar mares y océanos en
un suspiro. A base de enérgicos manotazos fue derribando
todas las embarcaciones y elementos flotantes que encontró a su paso. Sus
hazañas sobre las aguas atravesaron todas las fronteras y sus dominios no conocieron
límite.
Hasta que, de repente, la mano firme
de su madre quitó el tapón de la bañera. Adrián, de cuerpo pequeño y gran fantasía,
observó desnudo, mojado y tiritando,
cómo sus sueños de rey de los mares se los tragaba irremediablemente el
sumidero. Tan sólo pudo conservar de
Neptuno un poco de furia apretada entre los dientes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario