Nunca podré olvidar aquella tarde aciaga en la
que se rompió la pecera. Mis compañeros murieron a causa del golpe contra el
suelo de terrazo del salón. Yo tuve más suerte. El impulso del agua hizo que mi
cuerpecito escamoso de Pez Globo Enano fuera a parar al interior del macetero
de una planta. Se trataba de un frondoso colio que para suerte mía acababan de
regar. Cerrando bien las branquias, los ojos y la boca me sumergí todo lo que
pude en aquella tierra oscura y húmeda junto a las profundas raíces del colio. Allí,
semiinconsciente, estuve no sé cuánto tiempo esperando el final.
Imagen de Internet
Los gritos agudos de Laura, la pequeña de la
casa, me hicieron salir del letargo: -¡Mamá, mamá, la planta respira!
Me rescataron vivito y coleando. Ahora disfruto
de mi segunda vida junto a nuevos compañeros en un acuario precioso. Pero, ¿sabéis
qué es lo que más feliz me hace? Quizás ya lo habréis adivinado… ¡Que soy un
pez con memoria! ¿Cómo de no ser así podría haberos contado mi historia?
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