El corazón de Blancanieves ya tenía dueño antes de caer dormida bajo los
efectos narcóticos de la manzana. El afortunado era uno de los
enanitos, el llamado Sabio. Blancanieves nunca había conocido a nadie
que como Sabio tuviera respuesta para todo. Ella lo admiraba
profundamente y se quedaba todas las noches embelesada escuchando sus
apasionantes relatos. Sabio solía decir que a él ya nada le sorprendía
porque era conocedor de todos los secretos. Blancanieves, que por el
contrario se sorprendía por todo, quedó hechizada por Sabio desde el
primer momento. Pero ella, sabiéndose muy querida también por los otros
seis enanitos, no encontraba la ocasión para declarar su amor a Sabio. Y
mantuvo en riguroso secreto sus sentimientos durante mucho tiempo.
Foto Juana Mª Igarreta
Y fue aquel día, en el que Blancanieves despertó del eterno sueño con el
apasionado beso del apuesto príncipe, cuando abriendo los ojos y ante
el asombro de todos, exclamó: - Sabio, ¿quién te enseñó a besar?
Ante estas palabras y viendo que Blancanieves solo tenía ojos para
Sabio, el príncipe se marchó desconcertado. Y Sabio, que creía conocerlo
todo y que nunca nada más podría sorprenderle, comprendió, perplejo y
ruborizado, que del amor lo ignoraba todo.
Foto Juana Mª Igarreta
Juana Igarreta, participación en http://estanochetecuento.blogspot.com.es/2013/04/boy22-el-secreto-de-blancanieves.html