lunes, 23 de febrero de 2026

Sin orden, pero concierto

Desde que cambiaron el sistema informático la Sociedad Filarmónica era un auténtico caos. Pese a los desvelos del ordenanza el desorden estaba a la orden del día. Ni siquiera el director de orquesta conseguía coordinar al grupo. A menudo perdía los papeles. Sobre todo ante las faltas de puntualidad. Al fin y al cabo su trabajo se basaba en una estricta medida del tiempo. No podía soportarlo, le chirriaban los desajustes.

Un día, el concertino llegó tarde al concierto. Consciente de que había “dado la nota” con su inoportuno retraso, procedió como de costumbre y avisó al oboe para que diese el “la” de rigor. Sonó tan desafinado, que el director, fuera de sí hizo ademán de arrojar la batuta. A continuación comenzó a marcar una serie de movimientos anárquicos y sin sentido. En un alarde de atrevida versatilidad la orquesta se dejó llevar, y a partir del aparente disparate consiguió empastar una incalificable armonía. La interpretación resultó tan desconcertante que la platea quedó muda. Pero bastó la insinuación de un tímido aplauso para que el respetable perdiera la compostura y abandonando sus asientos estallara en una desenfrenada algarabía de aplausos y pataleos sin orden ni concierto.


Imagen de Internet

Escrito por Javier Igarreta para ENTC - Propuesta: el desorden.


martes, 3 de febrero de 2026

La fe de Ismael

Ismael atraviesa la galería central de la residencia a la que acude de voluntario. Los numerosos internos que ocupan sillas de ruedas dispuestas sobre el suelo embaldosado en blanco y negro, se le antojan piezas de ajedrez esperando el empuje de unas manos que las mueva, escaque tras escaque, en el tablero de una nueva jornada.

Clara llamó su atención desde el primer día. Su postura rígida y mirada hierática le evocan la imagen de una virgen románica de la iglesia de su pueblo, a la que siendo niño sus padres adoptivos lo alzaban una vez tras otra pidiendo su bendición.

Ismael nunca ha sentido el fervor religioso que se respiraba en la familia que lo acogió. Lo más parecido a la fe que conoce es creer que si su madre biológica lo abandonó, como siempre sostuvieron las Hermanas de la Caridad, fue porque no tuvo otra salida. Y esa fe lo ha llevado a vivir con la esperanza de poder un día conocerla. Sabe que es un deseo difícil de alcanzar. Lo que no sabe es que la dificultad roza lo imposible cuando la madre ha vivido creyendo que su hijo nació muerto.


Imagen de Internet


Escrito por Juana Igarreta para ENTC - Propuesta: la Fe.