Y regresé al cielo. Me habría gustado que mi estancia en la
tierra hubiera sido mucho más larga, pero llevar replegadas las alas bajo la
camisa me resultaba cada día más doloroso. Lo sentí especialmente por Marta, mi
compañera de oficina, que me había
cogido un gran cariño y a menudo me decía: “Eres un ángel”.
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Supongo que mi jefe, que justamente me acababa de ascender
de categoría reconociendo mi buen trabajo, se quedaría descolocado al leer la
nota que dejé sobre la mesa de su despacho: “Me voy volando, si sigo aquí más tiempo posiblemente no podré hacerlo nunca. Gracias por todo. Lucas”.
Me ha encantado, Juana. Un ángel muy terrenal. Tal y como están las cosas, no creo que haya muchos por este mundo en el que nos movemos. Y debería. Mucha suerte y beso
ResponderEliminarPrefiero creer que todavía nos quedan ángeles alrededor. Creo que vivimos demasiado deprisa para sentirlos. Gracias, Bea, por pasarte. Otro beso.
EliminarTener el bien sin poder desplegarlo es algo endiablado. Muy interesante, Juana.
ResponderEliminarUn saludo
JM
Sí, a veces no se dan las condiciones para que así sea. Gracias, Juan Manuel, por tus palabras. Saludos
EliminarBuen relato. Para un Angel debe ser traumatico vivir en este mundo loco.
ResponderEliminarBesos
Bueno, supongo que tendrán más recursos que nosotros para estar por encima de muchas cosas. Muchas gracias, Josefa, por comentar. Besos
EliminarMe encantó, JUANA, este ángel tan sufriente que no puede darse a conocer ni ni aguanta vivir dolorosamente reprimido. Creo que lo más logrado del relato ha sido tu trabajo con el doble y hasta triple sentido de las frases, significan cosas diferentes dependiendo de quien las lea o escuche: el ángel, los otros personajes, o el lector.
ResponderEliminarSin dudas, un relato que merece el podio.
Cariños, Mariángeles
Muchas gracias, Mariángeles, por tu generoso comentario. La fracesita del cielo me llevó directamente a un ángel y a jugar con el doble sentido de las palabras, un recurso nada original, pero que a veces me gusta utilizar. Un abrazo,
ResponderEliminarBuena apuesta Juana, un ángel cotidiano, con su rutina, su casi enamoramiento, su jefe, muy de aquí. Una pena que haya decidido irse.
ResponderEliminarAbrazos
Sí, el pobre no podía aguantar más con las alas ocultas y dobladas. No me da ninguna pena que volase, Manuel.Con el paro que tenemos solo nos faltaban los ángeles ocupando puestos de trabajo. Gracias por pasarte. Abrazos
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