Pero esta vez, ella lloró. Cuando
dejó su país de origen, hacía unos pocos meses, no derramó ni una lágrima ante su
familia que salió a despedirla.
Después llegaron días de soledad y
decepción, de promesas incumplidas que fue resistiendo como una roca aguanta
los embates del mar.
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Foto de Internet |
Aquella mañana presentó al carnicero
el vale de Cáritas que le había proporcionado el párroco, al tiempo que le
pedía algo de ternura. El carnicero, sin dudarlo un momento, abandonó el
mostrador y la abrazó cariñosamente.
Nunca hubiera imaginado que una palabra
equivocada pudiera tener consecuencias para el corazón.
Me ha gustado muchísimo el relato y espero que hayas podido superar los problemas que estás teniendo con la publicación de los comentarios. Enhorabuena. Joaquín.
ResponderEliminarMuchas gracias, Joaquín. Sí, no sé cómo ha sido que me han desaparecido todos los comentarios del blog. Una verdadera pena. Espero que me des suerte y a partir de este comentario vaya la cosa bien. Un beso
ResponderEliminarA pesar de la triste realidad, el equívoco me ha hecho sonreír.
ResponderEliminarSiento mucho que hayas perdido los comentarios. ¿No se pueden recuperar? En algún lugar, aunque sea recóndito tendría que haberlos archivados la plataforma de blogger.
Comentario dejado sin problemas. Besos
Bea
Parece que ha ocurrido algún problema con la anterior configuración de los comentarios. Al cambiarla los he perdido todos, pero al menos puede comentar todo el que quiera sin ningún requisito previo. Muchas gracias por tu visita, Bea. Besos.
Eliminar¡Qué gran relato!. Y qué bueno confundir "ternera" por "ternura", que es más valiosa y mucho más barata. Enhorabuena.
ResponderEliminarGracias, Rafa, por tu visita y comentario. Tienes razón en tu apreciación sobre la ternura. Me alegro de que te haya gustado. Saludos
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