lunes, 11 de diciembre de 2017

Toda mosca tiene su sombra



Una mosca zumbona revoloteaba ante un brillante y pulido espejo y, tras una concienzuda labor de reconocimiento, se posó con narcisista estupefacción, pasmada ante la perfecta simetría entre la realidad y su reflejo. Pero tan poética veleidad se convirtió en irrenunciable tentación para la prosaica avidez de una astuta araña.





Juntas para siempre


Se despidió con un “hasta mañana, mamá” y un último beso a través de la vítrea barrera.


En su regreso, rememoró momentos felices de sus escasos años junto a ella. Luego, una densa sombra se instaló en su memoria. Amanecía tímidamente cuando sobrevoló el poblado panteón de su familia materna.






martes, 14 de noviembre de 2017

Dies irae

Pese a sus proporciones bíblicas, el valle parecía desbordado, pero la carne continuaba tomando cuerpo en las almas errantes. El abogado del diablo y el de las causas perdidas intercambiaban estrategias, mientras los arrepentidos tardíos se flagelaban compulsivamente. Entonces se abrió el cielo, tronó la palabra y todo quedó sentenciado.


El juicio final, 1585. Jean Cousin, el joven.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Desesperanza


Despojados de aquella luminosa esperanza, huérfanos de aquella anhelada algarabía, los días no amanecen.    

En el jardín, el viento mece los columpios herrumbrados por la lluvia y el tiempo. El vacío instalado en sus asientos hace que el silencio chirríe estridente, llorando la ausencia de aquellos niños que nunca llegaron.


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martes, 31 de octubre de 2017

Reencuentros en la galería

Hoy, Elisa cumple ochenta años. Como cada día, sus nudosos dedos abren la cajita nacarada en la que guarda con celo unas desvaídas fotografías en blanco y negro. Observándolas, se pregunta una vez más cómo pudo perder su instantánea preferida. En ella, Elisa de niña, todavía conservaba su espléndida melena. Luego, en el gueto,  era un lujo tener el pelo largo, pues escaseaba el jabón y el agua caliente. Los recuerdos de su Budapest natal pueblan su mente y convulsionan su corazón.  Nunca ha vuelto a la ciudad del Danubio, que abandonó bajo las alas del "Ángel de Budapest".


Jacob estudia Bellas Artes. Ha heredado el espíritu creativo de su abuela Elisa. Hoy, junto a su primera acuarela enmarcada, entregará a su abuela un sobre conteniendo dos billetes de avión. Volarán juntos a la tierra de los magiares. Elisa intentará azulear los días grises de su infancia.

En una antigua galería de arte del Barrio Judío, ella se reconoce en un sombrío óleo. Se emociona al encontrarse con aquella niña de largos cabellos cobrizos y mirada despierta.

Un anciano, tocado con la kipá, avanza hacia ellos al tiempo que sus trémulos dedos hurgan en su cartera.



Budapest desde el Danubio - Castillo de Buda al fondo
Foto: Juana Mª Igarreta



viernes, 6 de octubre de 2017

Alter ego



Subyugado por su desinhibida desnudez y aquella pose manierista, lo rescató del contenedor. Apreciaba, sobre todo, su silencio cómplice, pero últimamente sentía tras de sí sus ojos vigilantes. Y no descansó hasta escuchar el estertor del plástico, mientras las fauces del camión de la basura engullían la sonrisa del maniquí.

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Escrito por Javier Igarreta para 

martes, 19 de septiembre de 2017

Tiempo revuelto



Ayer, a primera hora, un furtivo rayo de sol asaltó un banco de nieblas. A media mañana, todavía relucía el botín de perlas de rocío desparramado sobre los prados. La cara del hombre del tiempo era todo un poema. Incapaz de encajar las líneas isobaras, dio paso a la publicidad.

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domingo, 17 de septiembre de 2017

La última corona


Con su cuerpo hábilmente siliconado ganó innumerables concursos de belleza. Para evitar arrugas gratuitas solo sonreía cuando posaba. Pero, aun siendo la imagen publicitaria de una importante marca de cremas antiaging, envejeció.

Antes de morir dejó por escrito rigurosas instrucciones a los técnicos de tanatopraxia. Fue la primera Miss Tanatorio.


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lunes, 11 de septiembre de 2017

Hormigueo


La casa ha comenzado a llenarse de hormigas y, quizás, no es lo peor que ha podido pasarme. Después de la brutal paliza creía estar muerto, pero, al sentir el cosquilleo producido por el suave roce de sus diminutas patas recorriendo cada recoveco de mi cuerpo, he recuperado la consciencia. Lo que no sé es cuánto tendré que esperar amordazado y maniatado en la silla de mi habitación. 

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