viernes, 21 de abril de 2017

Ocaso

Sentado en la orilla, contemplaba hipnotizado el borboteo del agua. Las hojas caían somnolientas desde la majestuosidad dorada de los chopos y escapaban, río abajo, cabalgando la corriente. Cuando salió de su ensimismamiento, la vio a su lado pálida e insinuante y ocurrió lo inevitable. Después solo quedó un cadáver.



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lunes, 17 de abril de 2017

Acuerdo tácito



Aquel viejecito se le cruzó en la calle una mañana. Ella iba atropellando tiempo para llegar puntual a un trabajo mal pagado. Él dilataba los minutos asido a su andador, arrastrando soledad en sus zapatos. 

Ahora, con sus horas sincronizadas, pasean cogidos del brazo. Fue un amor a primera Visa.


 
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domingo, 26 de marzo de 2017

Luz de otro tiempo



Aunque su vida siempre estuvo pendiente de un hilo, ella presidía nuestras sobremesas con su presencia luminosa. Pero la última Nochebuena su vida se apagó dentro de la burbuja de cristal y cantamos villancicos a la luz de las velas. A pesar de los leds, siempre recordaremos su incandescente compañía.

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martes, 21 de marzo de 2017

Larga jornada laboral



Al amanecer, un primer beso despierta sus sentidos.

Al mediodía, mezclan caricias y sabores en perfecto maridaje de pasiones.

En el ocaso, son dos mares de voluptuosas olas desbordándose en sus orillas.


Dos ventanas permanecen iluminadas. Tras la primera, espera la inocencia; tras la segunda, la sospecha. Es noche cerrada.

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sábado, 18 de marzo de 2017

Vicisitudes




Cuando él persiste con sus ardientes caricias sobre mi cuerpo, acabo sudando fuego y no puedo sofocarme el calor hasta el anochecer. Los días que eso ocurre, deseo impaciente que ella llegue cuanto antes. Que me recorra palmo a palmo, lamiendo con su refrescante y multiforme lengua cada uno de mis poros. Sólo ella consigue el alivio esperado en mi rígida figura. Mi sino es vivir a la intemperie, entre tórridos abrazos de sol y calmantes besos de agua de lluvia. ¿A qué más puede aspirar una estatua de hierro?

El Coloso de Rodas - Dalí - Imagen de Internet




lunes, 13 de marzo de 2017

Cosas de malvados



El malvado Luthor había puesto kryptonita en la bodega del monasterio.  Ese recoleto lugar era el escogido por el gran magnate, recién elegido presidente de su país, para descansar de la sofocante campaña electoral y maquinar sus maléficos planes de futuro.
Con lo que no contaba el portador del más famoso tupé del mundo, es que el más calvo de sus incondicionales había descubierto sus orígenes.