miércoles, 4 de julio de 2018

El benefactor

Llamó a mi puerta una gélida mañana. Nos entendimos enseguida sin necesidad de palabras. Ella necesitaba un techo y comida. Yo, después de la desaparición de Nadia, estaba solo. ¿Por qué no volver a intentarlo una vez más?
Al principio, me alegró constatar que aprendía rápido. En pocos días tenía muy claro que en mi casa las cosas caras y las caricias eran directamente proporcionales. Pero ese júbilo pronto se tornó sospecha y me dispuse a vigilarla. La pillé con el diccionario abierto en la página de “socorro”. Recordé las palabras de mi madre: “No te puedes fiar de esas chicas del este, son todas iguales”.



Lleva días llorando, pero dudo de que su arrepentimiento sea sincero. Como vengo haciendo últimamente con cada una de mis protegidas, he llevado una muestra de sus lágrimas al laboratorio. Los resultados suelen ser infalibles. Espero que esta vez, después de tantas decepciones, esos incesantes mohínes de aparente aflicción con los que intenta ablandar mi dadivoso corazón, hagan honor a su nombre, “Verania”. En caso contrario, deberé contar de nuevo con la ayuda de mi abnegada madre. Tras la mirada de unos implorantes ojos claros pueden agazaparse las más oscuras intenciones.

Foto de Annie Leibovitz

Participación en Esta noche te cuento-foto de Annie Leibovitz







viernes, 29 de junio de 2018

Vidas paralelas



Sólo supieron de su doble vida cuando la perdió. Un amigo en común las presentó en el depósito. Lo siento, dijo encarna, con cara de circunstancias. La viuda miró al finado como si quisiera rematarlo. Después, el tiempo caprichoso hizo de las suyas. Y ellas tan sólo se dejaron querer.

Algunos finales nos regalan principios



Rodeada de una larga familia que llora, esconde sus resecos ojos bajo sus ajadas manos. Hasta ayer era una constante y solitaria  fuente de lágrimas. Educada en maquillar la tristeza, ha vivido años parapetada tras las falsas paredes de la apariencia. Hoy, respira agradecida celebrando su recién estrenada libertad.

Imagen de Internet

Escrito por Juana Igarreta para 




domingo, 27 de mayo de 2018

Muerto de miedo



El miedo, seguro de su ancestral supremacía, aguardaba silencioso en los rincones oscuros del viejo caserón. Pero el intrépido vagabundo, en actitud desafiante y candil en mano, desveló su guarida de polvo y telarañas. Cuando escuchó a sus espaldas aquel angustioso estertor, su corazón latió aceleradamente. Y después se paró.

Imagen de Internet


Cumpleaños


Al cumplir los doce le regalaron ese barco pirata que siempre había soñado. Para entonces su corazón y el de Alazne latían acordes.

Cerrando los ojos sopló las velas con toda su alma y, al abrirlos, contempló cómo la nave se alejaba veloz, perdiéndose en el mar de su infancia.


Imagen de Internet


jueves, 12 de abril de 2018

Las memorias de don Matías

Don Matías, un rico y solitario octogenario,  contrató a Lucía para que tomara nota de sus memorias. Quería contar al mundo su apasionante vida acontecida en diferentes países de Oriente. La joven permanecería junto al anciano hasta que este relatase el último capítulo de sus vivencias.

Día a día,  mientras don Matías reverdecía emociones con cada recuerdo, Lucía modelaba sueños en el horizonte de su futuro.

Una mañana, llamó a la puerta un vendedor de alfombras tocado con turbante. La muchacha, contagiada por el embrujo de las historias del este, se vio irremediablemente atrapada bajo la turbadora mirada de ojos profundos como pozos del apuesto mercader. Él, avezado en artes amatorias, percibiendo el candor y la inexperiencia de ella, le sugirió que eligiese una de sus alcatifas. Se la regalaría a cambio de que le permitiera conocerla. Lucía, aceptando la oferta, escogió un modelo decorado con una criatura marina de larga y escamosa cola. Cuando el anciano se hubiera dormido, ella colgaría la alfombra del alfeizar de la ventana.

Al día siguiente, entre bostezo y bostezo, preguntó Lucía a don Matías:

—¿Cuántos días quedarán para finalizar sus memorias?
—Tantos como noches necesites para disfrutar de tu nueva alfombra  -contestó él.

Fotografía de Rene Maltete


Mi propuesta para Esta noche te cuento

 

domingo, 8 de abril de 2018

Souvenir


Irrumpiste en mis sueños
cuando regresé de Praga,
ahora habitas mis desvelos
con tu afán de cucaracha.


Escudriñas mis recuerdos,
fisgoneas en mis traumas
y, de noche, casi siento
que merodeas mi cama.


Consulté con curanderos
y con pastores de almas.
Acudiré a mi librero,
él tiene línea con Kafka.


Imagen de Internet

La venganza inconsciente de Irene


Imelda ha encontrado bajo su almohada una cajita de bombones. Sospecha de Julián, que la persigue renqueante con su andador por los pasillos de la residencia.

Irene no recuerda que ayer le trajeron bombones. Y tampoco que el andador que acaba de esconder en su habitación es el de Julián.


Imagen de Internet

Escrito por Juana Igarreta para