jueves, 24 de diciembre de 2015

Una inmensa oquedad

Una noche más, tras cantar una nana con voz susurrante, entornará suavemente la puerta de la habitación del hijo para no interrumpir su sueño. El sueño de una madre efímera que desea, estérilmente, llenar esa inmensa oquedad que un aciago día se adueñó de la cuna y de su vida.




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domingo, 13 de diciembre de 2015

Un helado amargo



Van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado cualquier día de estos, le viene diciendo su madre cada vez que la visita en la residencia. Con el helado no hay problema, aunque el último que tomó le supo amargo, ya que se lo estampó su madre en la cara cuando le confesó su secreto. Pero, lo del vestido… Y mira que cada vez que habla con ella, con voz cada vez más varonil, le advierte: “Mamá, ya no soy Carla, ahora soy Charly”.
 
Imagen de Intenet

sábado, 28 de noviembre de 2015

Para vestir santos




Las besa con suma conciencia para no equivocarse cada una de las estampas que celosamente guarda en su mesilla de noche: la de Santa Apolonia, para que no le produzcan rechazo los nuevos implantes; la de Santa Lucía, para que le permita distinguir, a través de la mirilla, qué tipo de acompañante trae a su casa cada noche la turbia vecina de enfrente; la de San Roque, para que le evite cruzarse por la escalera con los apestosos inquilinos del tercero, de piel oscura, venidos vete a saber de dónde.

La estampa de San Antonio, ayer, la hizo trizas.


Imagen de internet



sábado, 14 de noviembre de 2015

Participar, a pesar de todo



Juan no estaba en su mejor momento. A pesar de todo, decidió participar en la San Silvestre Salmantina.
Al inicio de la carrera, atravesando el Paseo de San Antonio, una secuencia de imágenes negativas ocupaba su mente, actuando como un lastre que agarrotaba sus músculos. Respiró profundamente y siguió avanzando. Trató de poner orden en sus pensamientos: consideró que su ruptura con Laura era lo mejor para los dos; recordó la enfermedad de su padre, y se propuso acompañarlo en esa dura etapa; y en cuanto al largo y tedioso paro, pensó que tal vez con el nuevo año se abrirían para él las puertas del mercado laboral…
Cuando, exhausto, con torpes e irregulares zancadas logró completar el recorrido entrando de nuevo en el Paseo de San Antonio, unos gritos de ánimo envueltos en aplausos le sacaron de su ensimismamiento.
Había llegado el último. Pero él sabía que había ganado.





Participar, a pesar de todo
Juan no estaba en su mejor momento. A pesar de todo, decidió participar en la San Silvestre Salmantina. Al inicio de la carrera, atravesando el Paseo de San Antonio, una secuencia de imágenes negativas invadía su mente, actuando como un lastre que agarrotaba sus músculos. Respiró profundamente y siguió avanzando. Trató de poner orden en sus pensamientos: consideró que su ruptura con Laura era lo mejor para los dos; recordó la enfermedad de su padre, y se propuso acompañarlo en esa dura etapa; y en cuanto al largo y tedioso paro, pensó que tal vez con el nuevo año se abrirían para él las puertas del mercado laboral. Cuando, exhausto, con torpes e irregulares zancadas logró completar el recorrido entrando de nuevo en el Paseo de San Antonio, unos gritos de ánimo envueltos en aplausos le sacaron de su ensimismamiento. Había llegado el último. Pero él sabía que había ganado.
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Participar, a pesar de todo
Juan no estaba en su mejor momento. A pesar de todo, decidió participar en la San Silvestre Salmantina. Al inicio de la carrera, atravesando el Paseo de San Antonio, una secuencia de imágenes negativas invadía su mente, actuando como un lastre que agarrotaba sus músculos. Respiró profundamente y siguió avanzando. Trató de poner orden en sus pensamientos: consideró que su ruptura con Laura era lo mejor para los dos; recordó la enfermedad de su padre, y se propuso acompañarlo en esa dura etapa; y en cuanto al largo y tedioso paro, pensó que tal vez con el nuevo año se abrirían para él las puertas del mercado laboral. Cuando, exhausto, con torpes e irregulares zancadas logró completar el recorrido entrando de nuevo en el Paseo de San Antonio, unos gritos de ánimo envueltos en aplausos le sacaron de su ensimismamiento. Había llegado el último. Pero él sabía que había ganado.
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