viernes, 31 de octubre de 2014

El vendedor de ilusiones


Sigismund Markus está en su juguetería. Consciente de la presencia inminente del “ogro dominador”, se va despidiendo del lugar y de todos los objetos a los que consigue dar alcance con sus afligidos ojos. Esta juguetería le ha permitido  vivir modestamente en lo económico, pero plenamente en lo personal. Ver cómo prende la llama de la ilusión en los ojos de un niño, es un pequeño milagro al que un vendedor de juguetes  tiene la oportunidad de asistir cada día.

Es jueves, pero hoy la bella y frágil Agnes no pasará por la tienda, como cada semana, a rogarle que cuide del pequeño Oskar. Ella hace días se entregó en los brazos "del de arriba", harta de navegar de unos brazos seguros, pero no queridos, a otros brazos deseados, pero prohibidos. Incluso Markus tuvo siempre los brazos y el corazón abiertos para ella; para ella y para su pequeño Oskar;  porque para alguien que decide a los tres años dejar de crecer, una juguetería es el lugar ideal para vivir.

Imagen de la película "El tambor de hojalata" (Internet)

Markus, bajo la mirada congelada de múltiples muñecas, siente cómo se desvanecen sus últimos minutos en profundo silencio, roto de pronto por el repique amigo de un tambor de hojalata.





jueves, 30 de octubre de 2014

Fuera de tiempo



Entre los participantes en la carrera de los benjamines, que en ese momento atraviesa el Paseo del Rollo, llama poderosamente la atención la imagen famélica de uno de los atletas. Ataviado con una blusa raída, sobre la que luce el dorsal número 1554, y pantalones cortos abullonados, avanza raudo con zancadas propias de un galgo.


Imagen de Internet











       

Entretanto, junto al puente romano de la ciudad y en medio de un gran murmullo, un buen número de turistas y curiosos se arremolina en torno a la estatua del Lazarillo de Tormes.
Mi participación en http://sansilvestresalmantina.com/concurso-micro-relatos.php






martes, 21 de octubre de 2014

Cuando vuelva papá



Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad. Como la del año pasado, que nadie faltó a la cena de Nochebuena. Que papá no tuvo que salir de viaje como ha hecho este año,  y del que todavía no ha vuelto.
Foto: Juana Mª Igarreta

   
 Cuando vuelva le dirá que en uno de los árboles del parque habían colgado un olentzero; y que, además, llevaba una camisa de cuadros igual que la suya.

jueves, 16 de octubre de 2014

Desalmados



Recluida en el pozo seco, pronto se callará y podré dormir tranquilo. Los primeros días he de reconocer que su canto agradecido me tenía hechizado; pero después, cuando le hablé de mi pasado en el mar, su voz se volvió lastimera. Igual que el día que la rescaté de aquel agujero inmundo en el que algún desalmado la había abandonado.